DEL SILENCIO AL NACIMIENTO DE LA NARRATIVA ANTI-C40
¿LOS ANTI-C40 TIENEN ORIGEN MARXISTA?
La pregunta no pretende afirmar que todos los adversarios de la Constitución de 1940 sean marxistas o comunistas.
La cuestión es más concreta:
¿De dónde surgieron los argumentos que hoy presentan a la C40 como socialista, marxista o comunista?
2019-2021: casi tres años sin oposición organizada
Desde el surgimiento del Movimiento C40, a finales de 2018 y comienzos de 2019, hasta mediados de 2021, la propuesta de restituir la Constitución de 1940 circuló sin encontrar una campaña organizada de oposición.
Hubo indiferencia, curiosidad y espacios breves en algunas plataformas, pero no una narrativa insistente destinada a demostrar que la C40 fuera socialista o comunista.
Eso cambia después del 11J.
El 11 de julio cambia el escenario
Las protestas del 11 de julio de 2021 sorprendieron al régimen y a buena parte de la oposición organizada.
En aquellas manifestaciones apareció públicamente la demanda de restitución de la Constitución de 1940.
Hubo carteles, referencias a C40 y, en Camagüey, una manifestación encabezada por una gran tela reclamando su restitución.
Hasta entonces C40 podía verse como una propuesta más del exilio.
Después del 11J había aparecido dentro de Cuba.
Y no era solamente una consigna.
“Libertad”, “Abajo la dictadura” o “Patria y Vida” expresaban rechazo y aspiración.
La restitución constitucional añadía algo distinto:
un procedimiento político y jurídico para regresar a la República.
De julio a noviembre
Después del 11J surgió Archipiélago y la atención se concentró en una nueva movilización nacional, primero anunciada para el 20 de noviembre y después trasladada al 15.
Mi interpretación es que ese período funcionó, independientemente de las intenciones de sus organizadores, como un corredor de enfriamiento de las réplicas sociales posteriores al 11J.
Mientras se esperaba una nueva fecha, el régimen ganó tiempo para identificar manifestantes, revisar grabaciones, procesar detenidos y reorganizar sus mecanismos de control.
El 15N no reprodujo el 11J.
Y pocas semanas después aparece algo nuevo.
Diciembre de 2021: nace una doctrina anti-C40
Según la documentación conservada por Movimiento C40, figuras como Yoiner Loforte, Henry Baño y Guillermo Ferrer comienzan a promover una tesis hasta entonces poco relevante:
la Constitución de 1940 era socialista, marxista o comunista.
La estructura era sencilla.
La C40 reconocía derechos sociales.
En la Constituyente participaron comunistas.
El Manifiesto Comunista contenía propuestas sobre educación, propiedad, impuestos, banca e intervención estatal.
Por tanto:
C40 = socialismo = marxismo = comunismo.
El problema es evidente.
Educación pública, impuestos progresivos, regulación económica o políticas sociales existen también en numerosas democracias capitalistas.
Que una medida aparezca en el Manifiesto Comunista no convierte automáticamente en marxista a todo sistema que utilice algo parecido.
Lo verdaderamente importante es el momento en que aparece el argumento.
Durante casi tres años la restitución circuló sin una resistencia organizada comparable.
Después del 11J, después de que la C40 apareciera en las calles de Cuba y después del fracaso del 15N, surge una ofensiva destinada a asociarla precisamente con aquello que mayor rechazo provoca en el exilio:
el comunismo.
Y ahí comienza la pregunta:
DEL ORIGEN A LA REPETICIÓN
Aquí comienza la parte más incómoda.
No preguntamos si todos los actuales críticos de la C40 son marxistas.
Preguntamos:
¿quiénes introdujeron primero la narrativa y quiénes la repitieron después?
Los primeros promotores
En el caso de Yoiner Loforte, existen publicaciones anteriores donde expresa una fuerte identificación con Fidel Castro y con la Cuba socialista.
Eso no demuestra que en 2021 actuara por órdenes del régimen.
Pero sí obliga a preguntar:
¿han investigado quienes después adoptaron su argumento quién lo formuló y de qué ambiente ideológico procedía?
La cuestión se vuelve más interesante cuando aparecen otros participantes con formación marxista y, después, abogados formados dentro del sistema jurídico cubano.
El marxismo puede sobrevivir al marxista
Durante décadas, los abogados graduados en Cuba recibieron una formación influida por la teoría marxista-leninista del Estado y del Derecho.
Eso no convierte automáticamente a ningún abogado cubano en comunista.
Pero alguien puede romper con Fidel, rechazar al Partido y convertirse en opositor sin abandonar necesariamente todas las categorías intelectuales con las que aprendió a interpretar el Estado, la propiedad o la historia constitucional.
La pregunta es:
¿puede alguien abandonar políticamente el castrismo y continuar interpretando la República desde categorías aprendidas dentro del propio castrismo?
La presencia posterior de varios abogados formados en Cuba dentro del discurso anti-C40 hace que esa pregunta merezca estudiarse.
De los originadores a los repetidores
Después del núcleo inicial comienza otra etapa.
La narrativa entra en plataformas con audiencias mucho mayores.
Aparecen comunicadores, escritores, abogados, anexionistas, libertarios y otras figuras que no necesariamente comparten el origen ideológico del argumento.
Pero comienzan a repetirse fórmulas semejantes:
“La C40 es socialista.”
“Es comunista.”
“Está inspirada en el Manifiesto Comunista.”
“Los comunistas hicieron la Constitución.”
La repetición comienza a sustituir la demostración.
Así se crea un sesgo de familiaridad: una idea repetida por muchas voces empieza a parecer cierta simplemente porque resulta conocida.
Las plataformas amplificadoras
En esta segunda etapa aparecen espacios vinculados a Andrés Alburquerque, Carlitos Madrid, Darwin Santana, Manuel Milanés, Cubanos por el Mundo y otras plataformas donde distintos críticos reciben visibilidad.
Eso no significa que todos compartan la misma posición ni que exista coordinación.
Una plataforma puede no defender el argumento y, sin embargo, aumentar la notoriedad de quien después lo difunde.
El caso de Alexander Otaola ayuda a entenderlo.
Otaola ha mostrado simpatía por la Constitución de 1940 y ha marcado diferencias con algunos anti-C40. Sin embargo, figuras contrarias a la restitución han recibido exposición en espacios relacionados con ese ecosistema mediático.
Es decir:
puede existir amplificación personal sin adhesión doctrinal.
Una narrativa que se adapta
Con el tiempo, el mensaje cambia.
La acusación inicial:
“la C40 es comunista”
puede convertirse en:
“es socialista”,
“está obsoleta”,
“hay que empezar de cero”,
“Cuba necesita una constituyente”,
o “restituirla sería volver al pasado”.
Las justificaciones cambian.
La conclusión permanece:
no restituir.
Por eso resulta esencial separar tres niveles:
quién creó el argumento, quién lo transmitió y quién lo adaptó después.
Solo así podremos responder la pregunta importante:
¿cuántos de quienes hoy combaten la restitución conocen realmente el origen de la narrativa que están repitiendo?
LA INVERSIÓN DEL ARGUMENTO
La consecuencia final de esta narrativa es paradójica.
Una persona puede ser profundamente anticomunista y, sin embargo, terminar defendiendo la misma ruptura constitucional que inició Fidel Castro.
No porque obedezca al régimen.
No porque quiera continuar la Revolución.
Sino porque acepta una premisa anterior sin investigar de dónde salió.
Por eso la pregunta a los actuales críticos de la restitución no es:
¿usted es comunista?
La pregunta es:
¿usted sabe de dónde procede el argumento que está repitiendo?
La contradicción histórica
Existe un problema difícil de ignorar.
El propio régimen cubano presenta la Constitución de 1976 como su primera Constitución socialista.
La Constitución de 1940 pertenecía al orden republicano anterior, el mismo que la Revolución sustituyó.
La pregunta entonces es sencilla:
si la Constitución de 1940 era ya socialista, ¿por qué los socialistas tuvieron que eliminarla y crear después su propia Constitución socialista?
La contradicción es evidente.
El argumento cambia, pero el resultado no
Con el tiempo, la acusación inicial también se fue suavizando y adaptando.
Primero:
“la C40 es comunista”.
Después:
“es socialista”,
“está obsoleta”,
“hay que empezar de cero”,
“Cuba necesita una constituyente”,
o “restituirla sería regresar al pasado”.
Las razones cambian.
La consecuencia permanece:
impedir que la Constitución de 1940 sea considerada el punto jurídico de retorno de la República.
Aquí también deben estudiarse las presiones propias de las plataformas: audiencias, relaciones personales, promotores, anunciantes e intereses comerciales.
Eso no permite afirmar que un patrocinador haya dictado una línea política.
Pero sí permite investigar cómo una narrativa inicial se transforma cuando pasa de pequeños grupos a espacios mediáticos mayores.
La pregunta que queda
Durante casi tres años no existió una campaña significativa contra la restitución.
Después del 11J, cuando la C40 apareció en las calles de Cuba, y después del 15N, surgió una ofensiva que encontró como argumento principal aquello que mayor rechazo provoca en buena parte del exilio:
el comunismo.
Después esa narrativa fue transmitida, repetida y adaptada por actores muy distintos.
Por eso el problema no consiste en determinar si todos los anti-C40 son marxistas.
Consiste en reconstruir la genealogía del argumento.
¿Quién lo formuló primero?
¿Quién lo repitió?
¿Quién lo amplificó?
¿Quién lo modificó?
¿Y cuántos de quienes hoy lo utilizan conocen realmente su procedencia?
La paradoja final merece atención:
el socialismo destruyó la Constitución de 1940, pero décadas después algunos anticomunistas terminaron combatiéndola precisamente porque alguien consiguió convencerlos de que era socialista.
Tal vez ahí resida una de las inversiones propagandísticas más eficaces del debate cubano contemporáneo.
Por eso la pregunta permanece:
¿LOS ANTI-C40 TIENEN ORIGEN MARXISTA?
No necesariamente quienes hoy repiten la narrativa.
Pero quizá sí la narrativa misma.
Fuente:
Información Adicional


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