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Diario de Sesiones de la Convención Constituyente de la isla de Cuba (1900 – 1901)

Diario de Sesiones de la Convención Constituyente de la isla de Cuba (1900 – 1901)

El *Diario de Sesiones de la Convención Constituyente de la Isla de Cuba* recoge los debates, intervenciones y actuaciones de la asamblea reunida entre 1900 y 1901 para redactar la primera Constitución de la República de Cuba. Este documento histórico permite consultar directamente las actas de una etapa decisiva en la formación del Estado cubano, conocer las circunstancias en que se desarrollaron los trabajos constituyentes y examinar los argumentos que quedaron registrados durante aquellas deliberaciones.

La sesión inaugural, celebrada el 5 de noviembre de 1900, resulta especialmente relevante para comprender el contexto en que comenzó la Convención. En ella, el gobernador militar estadounidense Leonard Wood se dirigió a los delegados y expuso el encargo de redactar una Constitución y establecer las relaciones que habrían de existir entre Cuba y Estados Unidos. Su intervención también delimitó las facultades de la asamblea, señalando las restricciones impuestas a su actuación respecto del gobierno de la Isla. El texto permite, por tanto, examinar las condiciones institucionales y políticas bajo las cuales se emprendió aquella labor constituyente.

La publicación íntegra de estas actas ofrece a investigadores, juristas y ciudadanos una fuente primaria para estudiar la soberanía cubana, las facultades de una convención constituyente y los antecedentes del orden constitucional republicano. Su lectura resulta asimismo pertinente para analizar la evolución constitucional de Cuba y los acontecimientos que precedieron a la Constitución de 1901, así como las posteriores reformas y transformaciones del sistema político cubano.

Desde la perspectiva del MovimientoC40, la consulta de las fuentes originales es indispensable para estudiar la historia constitucional de la República y comprender la importancia de la legalidad, la soberanía y los procedimientos de reforma constitucional. Por ello, ponemos a disposición de los lectores el documento completo, acompañado de la transcripción de su sesión inaugural y de enlaces a otros materiales relacionados, para facilitar su consulta y el análisis directo de los textos históricos.

Transcripción de la Sesión Inaugural

Diario de Sesiones de la Convención Constituyente de la isla de Cuba (1900 – 1901)

 

Habana 6 de Noviembre de 1900. — Número I.

DIARIO DE SESIONES

DJE LA.

CONVENCION CONSTITUYENTE

DE LA

ISLA IDIE CUBA

* * Oficinas: Edificio do la Convención (Teatro Martí) * *

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SESION INAUGURAL DEL LOMES 5 DE NOVIEMBRE DE 1900


Momentos antes de la apertura, en presencia de los Sres. Delegados y del i pueblo y d los acordes del Himno Nacional, izase sobre el edificio de la i Convención la bandera cubana.

SUMARIO


Entrada del General Wood, acompañado de su Estado Mayor y de los Secretarios del Despacho y precedido de los señores Delegados Salvador Cisneros Betancourt y Juan Rius Rivera. Eran las dos de la tarde.

El General Wood ocupa la Presidencia y lee el texto inglés de la orden en cuya virtud se constituye la Asamblea. El señor Secretario de Instrucción Pública lee enseguida la traducción del documento. Pronuncia el General Wood breves palabras, que también traduce el señor Varona.

El General Wood designa al señor Subsecretario de Estado y Gobernación para que presida en su nombre el acto. Y se retira acompañado de su Estado Mayor y de una Comisión de Delegados.

Bajo la Presidencia del señor Figueredo se procede al nombramiento de la Mesa interina, resultando electos, por la edad, el señor González Clórente para Presidente y el señor Villuendas para Secretario.

Toma de posesión de la Mesa.

El Tribual Supremo recibe el juramento de los señores Delegados.

La Convención adopta con el carácter de interino el Reglamento de la Asamblea de la Yaya.

Pide el señor Juan Gualberto Gómez el nombramiento de la Comisión de Actas.

A moción del señor Fernández de Castro se acuerda comunicar á todos los Ayuntamientos de la Isla la reunión de la Convención.

Se leen varios telegramas de congratulación.

Se discute el nombramiento de la Comisión de Actas.

Por no tener á mano el Reglamento de la Yaya, que ha de servir de norma, la Asamblea acuerda suspender la sesión.

A las dos en punto de la tarde el Sr. General Leonard Wood ocupa la Presidencia, teniendo ásu izquierda al señor Secretario de Instrucción Pública Enrique José Varona.

Lee, como Gobernador Militar de la Isla, en nombre del Gobierno de los Estados Unidos, el documento en lengua inglesa, qut el señor Varona lee después traducido de este modo:

“Señores Delegados á la Asamblea Constituyente de Cuba.

Como Gobernador Militar de la Isla, en representación del Presidente de los Estados Unidos, declaro constituida esta Asamblea.

Será vuestro deber, en primer término, redactar y adoptar una Constitución para Cuba, y, una vez terminada ésta, formular cuáles deben ser, á vuestro juicio, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Esa Constitución debe ser capaz de asegurar un gobierno estable, ordenado y libre.

Cuando hayáis formulado las relaciones que, á vuestro juicio, deben existir entre Cuba y los Estados Unidos, el Gobierno de los Estados Unidos adoptará sin duda alguna las medidas que conduzcan por su parte á un acuerdo final y autorizado entre los pueblos de ambos países, á fin de promover el fomento de sus intereses comunes.

Todos los amigos de Cuba seguirán con ahinco vuestras deliberaciones, deseando ardientemente que lleguéis á resolver con tino, y que, por la dignidad, compostura personal y cuerdo espíritu conservador que caracterizan vuestros actos, se patentice la aptitud del pueblo cubano para el gobierno representativo.

La distinción fundamental entre un gobierno verdaderamente representativo y uno despótico consiste en que, en el primero, cada representante del pueblo, cualquiera que sea su cargo, se encierra estrictamente dentro de los límites definidos „de su mandato. Sin esta restricción no hay gobierno que sea libre y constitucional.

Conforme á la orden, en cuya virtud habéis sido electos y os encontráis aquí reunidos, no tenéis deber de tomar parte en el gobierno actual de la Isla y carecéis de autoridad para ello. Vuestros poderes están estrictamente limitados por los términos de esa orden

Leonardo Wood.

Mayor General y Gobernador Militar.”

Seguidamente pronuncia un breve discurso en inglés, que es traducido por el señor Varona en la forma siguiente:

El señor Varona: El General dice, como habréis visto, que las relaciones, ó la fórmula de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, será completamente distinta de la redacción de la Constitución cubana. (Aplausos.) Para esta previa reunión de la Convención, el señor Gobernador Militar designa como Presidente accidental al señor Subsecretario de Estado y Gobernación, hasta que os organicéis inmediatamente para elegir vuestro Presidente. (Aplausos.) El Presidente del Tribunal Supremo, encargado de administrar justicia, tomará á los señores Delegados juramento en la forma que ellos libremente adopten. Deseando el más brillante éxito en vuestra noble y difícil tarea, el señor Gobernador Militar se retira. (Aplausos.)

El General Wood se retira con su Estado Mayor y acompañado de una Comisión de Delegados. Eran las dos y quince minutos.

El señor Subsecretario de Estado y Gobernación ocupa la Presidencia. (Agita la campanilla.)

El señor Figueredo: Señores Delegados, señoras y señores: Yo no puedo ocultaros que ocupo este puesto, aunque indebidamente, con indecible orgullo. Tal me parece que la casualidad, á quien yo llamo mi fortuna, me ha traído bien que interinamente á presidir este acto solemne, el acto más grandioso que realiza el pueblo cubano, en el cual se coronan todos los sacrificios y todos los esfuerzos de este pueblo por la independencia de su patria.

Señores Delegados, venís aquí, como comprenderéis inmediatamente, á elegir una Mesa que ha de regir los destinos de esta Cámara interinamente.

¿Estáis dispuestos á elegir esa Mesa?

Los señores Delegados tienen el deber de hacer una nominación para Presidente.

El señor Ríus Rivera: Pido la palabra.

El señ«sr Presidente: La tiene el señor Ríus Rivera.

El señor Ríus Rivera: Ruego, señores, que siguiendo una práctica que es constante para actos de esta naturaleza, se sirvan aceptar la propuesta que hago de nombrar Presidente interino.

El señor Berriel: Entiendo que procede de derecho, con arreglo á todos los usos de los países parlamentarios, en una situación como ésta, el nombrar una Mesa interina, presidida siempre y en todo caso por la persona de mayor edad.

El señor Ríus Rivera: Eso es lo que voy á proponer.

El señor Presidente: Dirigiéndose al señor Berriel. El señor Ríus Rivera estaba en el uso de la palabra.

El señor Ríus Rivera: Precisamente iba á rogar á los señores Delegados que se sirvan seguir esa práctica casi constante, nombrando para presidir interinamente las sesiones de esta Convención al Delegado de más edad, y para Secretario al de menor edad. Y como tengo entendido que es el señor Llórente el de más edad, lo propongo para Presidente interino, y al señor Villuendas, como de menor edad, para Secretario.

El Presidente señor Figueredo: Los señores Delegr – dos han oído la proposición del señor Ríus Rivera, proponiendo al señor González Llórente para Pre.’ii- dente y al señor Villuendas para Secretario.

Los señores que estén de acuerdo con esa proposición, sírvanse hacerlo conocer alzando el brazo derecho.

Queda aprobada por unanimidad la proposición del señor Ríus Rivera.

El Presidente señor Figueredo: El señor Ríus Rivera y el señor Gonzalo de Quesada tendrán la bondad de conducir á este sitio al señor Presidente electo. (Aplausos.) Así se hace.

El Presidente señor Figueredo: Señor González Llórente, á vos que en esta Asamblea representáis á la vez la edad y la sabiduría, tengo la honia de ceder la Presidencia, á nombre de nuestros compatriotas. (Aplausos.) El señor Llórente ocupa la Presidencia y el señor Villuendas el puesto de Secretario.

El Presidente señor González Llórente: Señores y señoras, señores todos los presentes: yo no voy á pronunciar un discurso, porque la emoción que siento en estos instantes es muy grande.

Yo no puedo dar gracias por la honra que se me dispensa, porque ésta realmente, no representa un acto de libre voluntad. Mi elección se debe á una causa material, independiente de mí, á la acción del tiempo, que ha ido amontonando sobre mí los años.

De modo que yo estoy aquí positivamente sin ningún título más que el de ser el más anciano.

Yo sólo.voy á decir una palabra. El pueblo de Cuba, en cuanto está aquí representado, puede tener la seguridad de que entre todos los Delegados á esta Convención, no hay uno solo que traiga aquí un sentimiento personal, ninguno que busque ni lucro ni aplausos ni popularidad. Todos sabéis que cuando pase el tiempo, los que hayan de gozar de los beneficios ó de sentir los desastres que cause nuestra obra, más ó menos transitoriamente, al hablar de nosotros no preguntarán qué es lo que dijimos, sino qué fué lo que hicimos. [Aplausos.)

Venimos, pues, con un patriotismo que está no eu nuestros labios, sino en nuestros corazones.

Podrá ser que tropecemos en nuestro camino, que nos equivoquemos en nuestra obra; pero puedo afirmar que en todos nosotros, al acometerla, lo que preside y presidirá siempre hasta el fin, será el de-. seo más ardiente, más apasionado, el deseo que lie- pi ga hasta el último límite de los deseos humanos, de la paz, el orden, el progreso, la justicia, y sobre todo la independencia. (Aplausos).

El señor Villuendas: Señores Delegados: yo también, que debo el ocupar este sitio á una causa puramente material, exactamente igual á la del señor Presidente, debería de callar, pero me obliga á hablar el pensar que siquiera por un momento, siquiera por esa circunstancia fortuita, independiente de la voluntad de mis compañeros y de la mía propia, pero que va á sentar un hecho real y positivo, yo tengo que dar fe como Secretario de este acto de la Convención en el día de hoy, un día grande en la historia de Cuba.

Yo quiero decir á mis compañeros, á todo el pueblo cubano que me escucha, que hemos venido aquí sin prejuicios, pero consagrados al ideal por que se han sacrificado tantas generaciones de cubanos, y que no saldremos de aquí sin haber, con arreglo á nuestra conciencia, con arreglo á nuestro criterio, dejado establecido el Gobierno de Cuba republicana, como entidad internacional, enfrente de otra cualquiera del mundo, salvando con cualquier otro, con los Estados Unidos, los lazos de gratitud de que no podemos desligarnos con el pueblo americano. Porque en esto seguimos una ley que se cumple en el orden moral como en el orden físico: cuando dos cuerpos están sometidos á una misma fuerza, la presencia de un tercero entre ellos, los modifica.

Pudiera pasarnos aquí lo mismo; pero puede tener el pueblo cubano la seguridad absoluta de que todos votaremos la Constitución de la república cubana, para que ese mismo pueblo y la Historia, nos juzguen mañana. (Aplausos).

El señor Presidente: Digo á mis compañeros que como medida previa se delibere y se acuerde sobre la adopción del Reglamento á que habremos de someternos, como medida de orden, hasta que se haya formado y aprobado el que en definitiva habrá de regirnos.

Esto antes de proceder al nombramiento de las Comisiones más necesarias, y yo invito á mis compañeros á que expresen su opinión respecto á la designación de ese Reglamento, estrictamente interino.

Todos los Delegados debemos prestar juramento aute el Tribunal Supremo.—Se retira de la Presidencia, ocupándola el Presidente del Tribunal Supremo, rodeado de todos los miembros del mismo.

A invitación del Presidente del Tribunal Supremo los señores Delegados se acercan a la Mesa para prestar el juramento colectivamente.

El Presidente del Tribunal Supremo: Se hace presente que la fórmula del juramento que los señores Delegados van á prestar, ha sido acordada ayer por todos ó la mayoría de los individuos que forman la Convención y ha obtenido la sanción del Gobierno Militar de ocupación.

Los señores Delegados presentes prestan colectivamente juramento, con arreglo á esta fórmula:

«Nosotros: los Delegados electos por el pueblo cubano para la Convención Constituyente Nacional, juramos ó prometemos desempeñar fielmente los deberes de nuestro cargo. Renunciamos pública y solemnemente á toda fidelidad prestada ó pacto contraído directa ó indirectamente con cualquier Estado ó Nación; jurando la soberanía del pueblo libre é independiente de Cuba y acatando la Constitución que esta Convención adopte, así como el Gobierno que por ella se establezca.»

Se retira el Tribunal Supremo y ocupa de nuevo la Presidencia el señor Llórente.

El señor Presidente: Señores Delegados: ¿cuál ha de ser el Reglamento que interinamente nos rija, es decir, en esta sesión que es verdaderamente pre paratoria, hasta que nosotros todos hayamos formado un Reglamento definitivo?

El señor Juan G. Gómez: Señor Presidente, pido la palabra.

El señor Alemán: Señor Presidente, desde el momento en que se ha de redactar un Reglamento definitivo para funcionar esta Cámara, y se hace preciso una disposición que nos rija—(El señor Ríus Rivera interrumpiendo).—Señor Presidente, el señor Juan Gualberto Gómez ha pedido la palabra.

El señor Alemán: Yo no lo sabía; se la cedo gustoso.

El señor Juan G. Gómez: Hace indicación con la mano de que cede la palabra al señor Alemán.

El señor Alemán: (continuando.) Yo propongo, puesto que esta Convención no es más que una continuación del ideal de la Revolución, que aquí no haya otro Reglamento que nos rija, sino aquel que nos rigió en los campos de Cuba libre. Aquí venimos consagrados al ideal de la Revolución. Aquel Reglamento, que sirvió muy bien para nuestras sesiones, puede servir perfectamente para que por él, de un modo provisional, se rija esta Asamblea. (Aplausos.) La proposición del señor Alemán es aprobada por unanimidad.

El señor Presidente: (dirigiéndose al señor Alemán.) ¿Cuál es el Reglamento á que usted se refiere, ‘ el de la primera ó el de la segunda guerra?

El señor Alemán: El de la Asamblea de la Yaya, el de plena Revolución; para que no se crea que con el otro, con el de Santa Cruz del Sur, queremos traer otra vez antagonismos al seno de esta sociedad cubana. (Aplausos.)

El señor Presidente: ¿Queda, pues, aprobada por unanimidad la proposición del señor general Alemán? Señales de asentimiento.

El señor Presidntee: ¿El señor Alemán lo trae á mano?

El señor Alemán hace señales negativas.

El señor Ríus Rivera: Pido la palabra.

El señor Presidente: Usted la tiene.

El señor Ríus Rivera: Como cuestión previa, Sr. Presidente. Había pedido la palabra el señor Juan Gualberto Gómez y me parece que le toca el turno antes de resolver.

El señor Presidente: Tiene la palabra el señor Juan Gualberto Gómez.

El señor Juan Gualberto Gómez: Después de la proposición que ha hecho el general Alemán de que se acepte un Reglamento, debemos atenernos á él.

No teniendo que ocuparnos en Comisiones para el Reglamento, propongo que se nombre una Comisión que se ocupe en examinar las actas de los señores Delegados.

El señor Gonzalo deQuesada: Señores, yo propongo que se nombre una Comisión de tres para examinar las actas de los Delegados.

El señor Presidente: ¿Están conformes los señores Delegados en que sean tres los individuos que componen esta Comisión?

El señor Fernández de Castro: Pido la palabra para hacer una súplica á mis compañeros y una proposición á la Mesa.

El señor Presidente: La tiene el señor Fernández de Castro.

El señor Fernández de Castro: El pueblo de la isla entera está pendiente de que esta Asamblea se ha reunido; no lo sabe, pero lo supone: yo propongo para calmar las ansiedades de millón y medio de cubanos que están pendientes de este acto, que se acuerde comunicar á los alcaldes, como representantes de todos los pueblos de la isla, que la Asamblea se ha constituido, y que se ha constituido con buen augurio.

El señor Villuendas: Propongo lo mismo, con la limitación de que solamente se manifieste que la Convención se ha constituido.

El señor Fernández de Castro: No tengo inconveniente en retirar la segunda parte de mi proposición.

El señor Presidente: Queda acordado, pues, que se haga esa comunicación en el sentido de que la Asamblea se ha reunido.

El señor Villuendas: Lee un telegrama del alcalde de Santa Cruz del Sur en representación del ayuntamiento, que saluda ci la Convención y le desea éxito en sus gestiones. Lee otro del Presidente de los Veteranos de Yaguajay en igual sentido. Otro de Colón al general Betancourt rogando exprese á la Convención los mismos sentimientos que se expresan en los anteriores. Otro del Partido Federal de Colón al general Betancourt, ofreciendo su concurso incondicional á la Convención, y otro del Maestro y Guardia de Manzanillo á los Delegados de la Convención, saludando á Cuba libre.

El señor Quesada: Entiendo que hay una moción presentada á la Asamblea, ya aprobada, de que se nombren tres miembros para examinar las actas de los Delegados, y yo propongo que esos tres, si la Asamblea no tiene inconveniente, sean los señores Dr. Quílez, el general Alemán y el señor Fortún, de Matanzas.

El señor Presidente: Está acordado que se nombren tres delegados para examinar las actas, pero el señor Sauguily, aceptando el acuerdo en cuanto al número de Delegados, pide que cada uno de los Delegados sea representación de cada uno de los tres partidos que aquí militan, porque eso sería garantía «de la justicia del examen. ¿No hay ninguno que pida la palabra en contra? Se pone á votación si los tres delegados examinadores de las actas deberán pertenecer á cada uno de los tres partidos que están representados en la Convención.

El señor Fernández de Castro: Entiendo que hay aquí tres partidos representados en la Convención, pero también hay aquí Diputados Convencionales que no pertenecen á ninguno, y que por tanto están con el carácter de independientes. Y como yo hay otros, y en ese caso quedaría una parte de los Convencionales sin representación.

El señor Presidente: Con la proposición Jdel señor Sanguily lo que se busca son garantías de equidad. (Una voz: no se oye) Los que no pertenecen á ningún partido ni quitan ni ponen.

El señor Fernández de Castro: Yo no he de entrar á discutir el carácter y la misión de los representantes que están aquí como independientes, porque eso sería entrar en una cuestión de fondo ajena al acto de hoy; me lo reservo para después, pero ahora quiero hacer constar que los llamados independientes, que los que no pertenecen á ningún grupo político, vienen á perseguir un ideal que es el de todos, que es el de la independencia; en lo que diferimos es en los detalles, en el medio de llegar á ella. Pero desde luego, si la Presidencia estima que los candidatos que yo he llamado independientes por no pertenecer á ningún grupo político, no significan nada, yo creo que la Presidencia ha sufrido un error.

El señor Presidente: Yo creo que no he cometido ningún error y voy á explicar mis palabras.

Lo que he dicho es que la proposición del señor Sanguily está inspirada en un propósito de justicia, para que estén compensados los tres partidos en la Junta de examen, y como los independientes son igualmente justos para los tres partidos, á ellos no se les afecta, [Una voz: no se oye) porque ellos no turban la equidad de ninguno de los partidos. Con esta proposición no se trata de desunir á los unos de los otros, sino al contrario con ella se trata de demostrar que son imparciales, que su voto será siempre el voto de un hombre honrado y justo.

El señor Méndez Capote: Señores Delegados, dos palabras sobre una cuestión de orden. Yo entiendo que lo que está siendo objeto de esta discusión está ya resuelto.

Acabamos de aprobar con el carácter de interino, y no deja ya lugar á dudas, el Reglamento por el cual hemos de regirnos, y en ese Reglamento se dice cómo hemos de nombrar esa Comisión. Nosotros hemos acordado nombrar una Comisión de Actas y desde ese momento debemos aplicar las disposiciones de ese Reglamento, que dice que en este caso la Comisión se nombre por votación nominal y secreta, previo un receso de cinco minutos. Entiendo que debemos cumplir lo resuelto, lo que ya es ley.

El señor Presidente: He pedido un ejemplar de ese Reglamento; pero no se ha encontrado á mauo.

El señor Méndez Capote: Pero yo me permito recordar ese precepto.

El señor Sanguily: Hay una proposición que consiste en que la Convenció proceda al nombramiento de tres individuos para constituir la Comisión de Actas. ¿No es así? Para constituir la Comisión de Actas.

Todo el mundo sabe, porque la prensa ha ido dando cuenta de este asunto, que en el seno de una de las comisiones escrutadoras han surgido (el señor Fernández de Castro: la de la Habana) Importa poco que sea la de la Habana; han surgido cuestiones importantísimas que afectan al interés de los tres partidos de la Habana. (Risas).

Conviene, pues, si se acuerda que se nombren tres individuos, haya un espíritu de justicia que determine que uno sea el representante del Partido Democrático, que otro sea el representante (fel Par- tidojNacional Cubano y que otro lo sea del Partido Republicano, porque si se diera el caso, no advirtiéndose que á este espíritu de justicia, que á esta norma debemos sujetarnos, de que saliesen electos tres miembros del Partido Republicano, estarían ó pudieran aparecer poco garantizados los intereses de los otios dos partidos. El único remedio, pues, para prevenir esta posibilidad, es nombrar un representante en esa Comisión por cada uno de los tres partidos.

El señor Gonzalo de Quesada: Pido la palabra.

El señor Presidente: La tiene el señor Quesada.

El señor Gonzalo de Quesada: Apoyando las palabras de mi compañero el distinguido representante de Oriente, señor Fernández de Castro, debo decir que las líneas de partidos no están aquí tan definidas para que nosotros podamos escoger los miembros de cada uno de ellos.

Se nos acaba de tomar un juramento, acabamos de prometer por ese juramento, que habremos de desempeñar fielmente losdeberes de nuestros cargos, y el primero de esos deberes es cumplir con la justicia y hacerla cumplir á nuestros compañeros.

Yo creo, señor Presidente y señores Representantes, que al traspasar los umbrales de este templo donde estamos consagrando la obra de tantas generaciones, han cesado los partidos. (Bravo, muy bien).

Yo entiendo, señores, que no hemos sido elegidos á esta Conveucióu para defender programas embrionarios, sino que hemos venido á esta Convención á unificar los distintos elementos, y no á empezar á disgregarlos desde el instante mismo en que comenzamos nuestras tareas. [Aplausos en la sala y en la tribuna pública).

El señor i esidente: En consideración á la gravedad é importancia de este acto, advierto que no es lícito hacer aquí por parte del público manifestaciones de ninguna clase. Suplico, pues, se omitan desde hoy en adelante, porque yo, cumpliendo una obligación [y muy á pesar mío] no podré consentirlas.—Continúe el señor Delegado.

El señor Gonzalo de Quesada: Por parte mía, señor Presidente, debo hacer esta declaración pública ante mis compañeros y ante el pueblo de Cuba que me escucha. Yo he venido elegido por el pueblo de Cuba, por una parte del pueblo de Cuba—pero una vez en este recinto con mis compañeros, formando el pueblo entero de Cuba—á constituir un gobierno y á establecer nuestra nacionalidad; yo proclamo que elegido por el voto independiente de la provincia de Pinar del Río y por elementos valiosos del Partido Nacional y de los otros partidos, en este recinto no votaré, porqiíte juzgo que es este mi deber ante mi pueblo y ante la historia, por ninguna moción por el mero hecho de que sea presentada por éste ó aquel partido, sino que votaré por todo lo que con arreglo á mi conciencia sea de justicia y en bien de mi país, y creo que todos los que están reunidos en esta casa opinan lo mismo que yo.

Una vez que hemos sido elegidos y se nos ha tomado el mismo juramento, no importa cuál sea la procedencia de los miembros que se designen, para esperar de ellos la equidad debida respecto á sus compañeros.

El señor Presidente: Tiene la palabra el señor Sanguily.

El señor Sanguily: Siempre es para mí de la mayor satisfacción, tratándose de asuntos públicos, entenderme con el público, pero por una prohibición que encuentro equitativa y prudente, del señor Presidente, me he de dirigir sólo ahora á los señores Delegados, mis compañeros.

Uno de nuestros deberes, ya que de deberes se habla, ya que se nos advierte cuales deban ser, uno de nuestros deberes antes que nada es no ser declamadores, debemos ser simplemente, y así lo recomendaba la Autoridad Militar que abrió esta sesión, hombres serios y honrados.

Señores, es verdad que si se hace una suposición general para todos los Delegados, todos somos perfectos, pero no porque se haga esta suposición dejan de imponerse los intereses. ¡Feliz aquél que viene á esta Convención sin programa porque no tiene principios que le liguen y le obliguen á una línea de conducta determinada! ¡Feliz aquél que puede encontrarse solitario en esta lucha de opiniones, porque de él será el mejor rumbo en la hora de la tempestad!

Pero yo soy uno de los desgraciados que vienen aquí con un programa, lo cual como habréis notado no me impide ser justo, y no en interés de los míos, de los que piensan como yo, de los que siguen la misma bandera, de los que tienen los mismos principios, sino, cabalmente, en interés de los contrarios, y así puedo decir, de los contrarios en la lucha de las ideas; en interés de los contrarios es por lo que he hecho la proposición modificativa de la primera, y esta proposición, sería necesario ser muy ciego para no notar que esta proposición es justa y prudente. Si se me negara el derecho de hacerlo, si por tratarse de la Comisión de Actas para toda la Isla, se creyera que no era pertinente mi indicación, yo á mi vez tengo el honor de presentar á los señores Delegados, con la venia del señor Presidente, otra proposición, la cual consiste en que se nombre una Comisión especial de tres Delegados peptenecientes á los tres partidos de esta ciudad, para que examine las actas resultantes de las votaciones ocurridas en ella y re- suleva todos los problemas que, con este motivo, surgieron en el seno de la Comisión escrutadora.

Yo supongo, señores, que esta nueva proposición es á mi juicio necesaria y que como toda medida justa dé lugar al inmediato asentimiento de todos vosotros, traducido luego en su oportunidad por el voto unánime de la mayoría que no se preste á frases.

El señor Fernández de Castro: Como dije antes, si el señor Sanguily se refirió á los que pertenecemos al grupo independiente, dejo la cuestión de fondo para otro día aclarar el Caso, porque alargaría demasiado esta sesión y no me parece que el asunto valga la pena de uua discusión tan prolongada (no seria, porque seria han de ser todas) sólo para nombrar la Comisión de Actas. Retiro la proposición y acepto la primera ó la última del señor Sanguily.

El señor Gonzalo de Quesada: Dejando á un lado las alusiones personales y creyendo que la moción de mi distinguido compañero por la provincia de Matanzas es la que está verdaderamente en orden, apoyo la moción hecha por el señor Méndez Capote.

Si nosotros hemos adoptado el Reglamento de la Yaya, debemos regirnos por ese Reglamento y en su consecuencia pido que por él se vote.

El señor Presidente: Para votar con arreglo á esas disposiciones sería necesario conocer el Reglamento.

El señor Rius Rivera: Pido que se suspenda la sesión hasta que se tenga el Reglamento.

El señor Juan G. Gómez: Señores Delegados, co- . mo estamos todos animados del propósito de empezar cuanto antes nuestra tarea, esta legítima impaciencia que todos experimentamos para corresponder á otra que se manifiesta en nuestro pueblo, que ansia llegar cuanto antes á la constitución de la República libre, soberana é independiente, nos está llevando á perder mucho tiempo; nuestro propio deseo de ir de prisa nos está haciendo detenernos en minuciosas discusiones que yo estimo peligrosas y estériles, con perdón de los dignos compañeros que me han precedido en el uso de la palabra.

Se trata en efecto de nombrar una Comisión que examine las actas de los Delegados, y todos acabamos de aprobar un Reglamento que establece la forma en que se debe elegir esa Comisión y la forma en que esa Comisión ha de traer el fruto de su trabajo; pero como quiera que en este caso y en estos instantes no existe un ejemplar de ese Reglamento y ni el señor Presidente lo ha leído en su vida, resulta que nosotros no sabemos cómo debemos ir á la constitución de esa Comisión, yo estimo hasta peligrosa esta discusión para la Asamblea, y por tanto, propongo que se levante la sesión y que mañana cuando tengamos el Reglamento, procedamos á la elección de la Comisión de Actas en la forma y manera que preceptúe ese Reglamento.

El señor Alemán: Señores Delegados: yo hice la proposición de que se aceptase el Reglamento de la Yaya mientras no se apruebe el definitivo, y desde luego debe prescindirse de ese Reglamento en esta sesión; por él mañana nos regiremos. Yo me atrevo á rogar al señor Méndez Capote retire su proposición, quedando, por tanto, en pie, la proposición del señor Sanguily, que me parece la más justa, la más prudente y la más racional.

El señor Quesada: Señores: el señor Juan Gual- berto Gómez ha presentado una moción para suspender esta sesión y yo entiendo que esa moción tiene preferencia sobre todas las demás mociones,y mientras mi distinguido amigo el representante por Pinar del Río no la retire, creo que no podemos tratar de ninguna otra.

El señor Villuendas: Se trata de una cuestión de orden. El Reglamento déla Yaya se ha aprobado á propuesta del señor Alemán; luego, ya aprobado ese Reglamento, surge una proposición, y ese Reglamento dice que cuando se trate de nombrar una Comisión de Actas, previendo análogos casos al presente, la Asamblea quede en receso por algunos minutos. Y como ya nos regimos por ese Reglamento y todos no lo conocemos, debemos suspender la sesión durante 24 horas, porque nosotros no podemos ni debemos hacerlo todo ■ en esta sesión. Yo me adhiero á la

proposición del señor Juan Gualberto Gómez, sosteniendo que no es más que una ampliación á la proposición del señor Alemán y en la que debemos reconocer su carácter de oportunidad y lógica.

El señor Méndez Capote: Señor Presidente: La moción que hice á la Mesa encuentra dificultades para ser llevada á la práctica, y yo, para ver si es posible que al fin nos entendamos y que no suspendamos esta sesión sin haber nombrado siquiera una Comisión de Actas, pido que nos rija desde mañana el Reglamento de la Yaya, pero, ¡por Dios! que no nos vayamos de aquí sin habernos puesto de acuerdo, siquiera, sobre imacosa tan sencilla como es el nombramiento de una comisión. Retiro mi moción.

El señor Sanguily: Pido la palabra para, de acuerdo con el señor Méndez Capote, pedir al señor Gómez que retire su proposición. Nos vamos á retirar de aquí sin haber acordado nada, es decir, que vamos á hacer bueno el primer argumento contra nuestra capacidad.

El señor Villuendas: Entonces no se retira la proposición del señor Méndez Capote; lo que resulta es que no puede quedar aprobado el Reglamento ó que es un Reglamento que no conocemos y por el cual no podemos regirnos.

El señor Juan G. Gómez: Precisamente yo insisto en mantener mi proposición, porque en estos instantes difiero del parecer de dos queridísimos amigos míos, como son los señores Delegados Méndez Capote y Sanguily. La prueba de incapacidad mayor que nosotros pudiéramos dar ante el pueblo sería proceder á la ligera á la vista de todos los que están presenciando nuestro debate; dirían que elegimos aquí una comisión por medio de un arreglo cualquiera, una especie de componenda, sin ajustarnos á regla alguna, como hacen los que quieren echar sencillamente polvo á los ojos de nuestro pueblo. Es mejor que nosotros á ese pueblo le digamos la verdad. Este es el caso de una Asamblea única; nos hemos constituido sin tener un Reglamento. Eu todos los países, por lo común, cuando las Asambleas se reúnen, se rijen provisionalmente por los de la Asamblea anterior para dar el primer paso, en tanto que adoptan el Reglamento propio. Nosotros no tenemos ninguno más que el de la Asamblea de 1897, pero es el caso que no tenemos á mano un ejemplar, y lo mejor que podemos hacer es cerrar esta sesión y continuarla mañana, cuando ya podamos disponer de un ejemplar del mencionado Reglamento, y no deliberemos más hasta que no lo tengamos.

El señor Presidente: La Presidencia entiende que el punto está sobradamente discutido y pone á votación la moción presentada sobre si se suspende ó no se suspende la sesión. Procédese á la votación.

El señor Villuendas: Han votado que no, los señores Méndez Capote, Alemán y Sanguily; todos los demás señores, que sí.

El señor Quesada: Entiendo que hay ante la mesa una moción de cortesía, suscrita por var.os Delegados.

El señor Méndez Capote: ¿Con arreglo á qué Reglamento se va á discutir esa moción?

El señor Giberga: Pido la palabra.

El señor Presidente: Se suspende la sesión. Mañana á la misma hora.—Eran las tres y media p. m.

APENDICE.

Havana, Cuba; November 5, 1900.

To the Delegates of the Constitutional Convention of Cuba.

Gentlemen:

As Military Governor of the Island, representing the President of the United States, I cali this Convention to order.

It will be your duty, first, to frame and adopt a Constitution for Cuba and, when that has been done, to formúlate what, in your opinión, ought to be the relations between Cuba and the United States.

The Constitution must be adequate to secure astable orderly and free government.

When you have formulated the relations which, in your opinión, ought to exist between Cuba and the United States, the Government of the United States will doubtless take such action on its part as shall lead to a final and authoritative agreement between the people of the two countries to the promotion of their common interests.

All friends of Cuba will follow your deliberations with ,the deepest interest, earnestly desiringthat you shall reach just conclusions and, that by the dignity, individual self restraint and Avise conservatism which shall characterize your proceedings, the capacity of the Cuban people for representative government may be signally illustrated.

The fundamental distinction between true representative government and dictatorship is that in the former every representative of the people, in whatever office, confines himself strictly within the limits of his defined powers. Without such restraint there can be no free constitutional government.

Under the order pursuant to which you have been elected and convened, you have no duty and no authority to take part in the present government of the Island. Your powers are strictily limited by the terms of that order.

Leonard Wood.
Major General, Military Governor.


LISTA
de los señores Delegados electos para la Convención.

PINAR DEL RIO

Propietarios:

Sr. Joaquín Quílez.

Sr. Gonzalo de Quesada.

Sr. Juan Ríus Rivera.

 

Suplentes:

Sr Antonio González Beltrán.

Sr Manuel de Jesús Manduley.

Sr José Ramón Villalón.

HABANA.

Propietarios:

Sr. Leopoldo Berriel.

Sr. Miguel Gener.

Sr. José Lacret Morlot.

Sr. Emilio Núñez.

Sr. Alejandro Rodríguez.

Sr. Manuel Sanguily.

Sr. Diego Tamayo.

Sr. Alfredo Zayas.

 

Suplentes:

Sr. José L. Castellanos.

Sr. Carlos Fonts.

Sr. Fernando Figueredo.

Sr. Francisco Leyte Vidal.

Sr. Gastón Mora.

Sr. Federico Mora.

Sr. Manuel S. Pichardo.

Sr. Leandro Rodríguez.

MATANZAS.

Propietarios:

Sr. Pedro Betancourt.

Sr. Luis Fortún.

Sr. Elíseo Giberga.

Sr. Domingo Méndez Capote.

 

Suplentes:

Sr. Ernesto Castro.

Sr. Eduardo Díaz.

Sr. Juan A. Garmendía.

Sr. Ramón Pagés Jiménez.

SANTA CLARA.

Propietarios:

Sr. José B. Alemán.

Sr. José Miguel Gómez.

Sr. Pedro González Llórente.

Sr. José J. Monteagudo.

Sr. Martín Morúa Delgado.

Sr. José Luis Robau.

Sr. Enrique Villuendas.

 

Suplentes:

Antonio Calvo.

Sr. Agustín Cruz.

Sr. Fernando Escobar.

Sr. Pablo Lazcano.

Sr. Federico Laredo.

Sr. Rafael Martínez Ortiz.

Sr. Hugo Roberts.

PUERTO PRINCIPE.

Propietarios:

Sr. Propietarios:

Sr.  Salvador Cisneros Betancourt.

Sr. Manuel R. Silva.

 

Suplentes:

Sr. Octavio Freyre.

Sr. José R. Xiques.

SANTIAGO DE CUBA.

Propietarios:

Sr.  Antonio Bravo Correoso.

Sr. Joaquín Castillo Duany.

Sr. José Fernández de Castro.

Sr. Juan Gualberto Gómez. Rafael Manduley.

Sr. Rafael Portuondo.

Sr. Eudaldo Tamayo.

 

Suplentes

Sr. Angel Clarens.

Sr. Agustín Cebreco.

Sr. Francisco Chaves Milanés.

Sr. Manuel Fuentes García.

Sr. José N. Ferrer.

Sr. José R. Torres.

Sr. Eduardo Yero.

Fuente:

https://archive.org/details/diariodesesiones00cuba/page/n10/mode/1up

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Información Adicional

Para ampliar el estudio de los antecedentes constitucionales cubanos, puede consultarse el siguiente material del MovimientoC40:

[La Constitución de 1901]

Constitución de 1901

[Cómo se hizo la Constitución de Cuba]

Cómo se hizo la Constitución de Cuba (1928)

[Cuba constituyente]

Cuba Constituyente

 

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