Introducción
Durante décadas, la política ha sido presentada mediante una división aparentemente sencilla: izquierda y derecha. Quien se sitúa en un lado es identificado con determinadas ideas; quien se sitúa en el otro, con las contrarias. Entre ambos extremos se coloca el centro, como si todo el universo político pudiera representarse sobre una línea.
Pero la realidad política es mucho más compleja.
Una persona puede defender la propiedad privada y, al mismo tiempo, una fuerte protección social; defender la descentralización política y rechazar el federalismo; apoyar la libertad económica pero considerar legítimas determinadas regulaciones; defender la soberanía nacional y, simultáneamente, la cooperación internacional; ser partidaria de la democracia representativa y oponerse a que una mayoría pueda violar determinados derechos constitucionales.
¿Dónde colocarla en una simple línea izquierda-derecha?
Precisamente para superar esa simplificación han aparecido los llamados tests de ideología política, que intentan distribuir las preferencias de una persona en múltiples ejes. Uno de ellos es el denominado 12 Axes, que permite obtener resultados sobre doce dimensiones diferentes y ofrece versiones de distinta extensión. La plataforma explica que su objetivo es precisamente ir más allá de una sola escala izquierda-derecha. (12 Axes Test)
Sin embargo, existe una cuestión mucho más importante que determinar si una persona es de izquierda, derecha, liberal, conservadora, progresista, nacionalista o internacionalista:
¿Qué límites debe tener el poder político?
Y esa pregunta conduce directamente al constitucionalismo.
En el caso cubano, la cuestión adquiere una importancia todavía mayor. La Constitución de 1940 (C40) no constituye una ideología política entre otras. Es, en el planteamiento de este trabajo, el marco constitucional dentro del cual pueden competir diferentes ideas políticas, económicas y sociales.
Por eso, el propósito de este artículo no es demostrar que un determinado test sea «de izquierda» o «de derecha». Es algo más profundo: demostrar que ningún test ideológico puede sustituir el análisis de la relación entre el poder, el Estado, la ley y la Constitución.
1. La cantinela de la izquierda y la derecha
«Es de izquierda.»
«Es de derecha.»
«Es de extrema derecha.»
«Es progresista.»
«Es conservador.»
Estas expresiones pueden resultar útiles como referencias históricas o políticas, pero se convierten en un problema cuando pretenden explicar completamente el pensamiento de una persona.
La política no está compuesta únicamente por dos posiciones enfrentadas.
Una persona puede coincidir con la izquierda en una cuestión y con la derecha en otra. Puede defender una economía de mercado y, al mismo tiempo, una política exterior no intervencionista. Puede ser conservadora en determinadas cuestiones morales y partidaria de una amplia descentralización política.
Por eso, clasificar a una persona mediante una única etiqueta puede producir una imagen considerablemente distorsionada.
El problema no es utilizar las palabras izquierda y derecha.
El problema aparece cuando esas palabras se convierten en sustitutos del pensamiento político.
2. ¿Cómo surgieron estos conceptos?
Las expresiones izquierda y derecha tienen un origen histórico concreto, asociado a la disposición de los grupos políticos dentro de determinadas asambleas parlamentarias durante la Revolución francesa.
Con el tiempo, esas posiciones espaciales adquirieron contenido político.
La izquierda pasó a relacionarse con determinadas concepciones de igualdad, transformación social y redistribución, mientras que la derecha fue asociada con tradición, propiedad, autoridad y conservación del orden existente.
Pero esas asociaciones cambiaron constantemente.
Lo que en un momento histórico era considerado revolucionario pudo convertirse posteriormente en una posición conservadora. Lo que en una época era considerado progresista pudo transformarse en una institución tradicional.
Por tanto, izquierda y derecha son categorías históricas, no leyes naturales de la política.
No existe ninguna razón para suponer que todos los problemas políticos puedan ordenarse permanentemente sobre ese eje.
3. De la práctica política al gráfico estadístico
Los tests ideológicos modernos intentan resolver ese problema mediante la utilización de varios ejes.
En lugar de preguntar únicamente:
¿Eres de izquierda o de derecha?
preguntan, por ejemplo:
- ¿Prefieres mercado o planificación?
- ¿Centralización o descentralización?
- ¿Seguridad o libertad?
- ¿Internacionalismo o nacionalismo?
- ¿Militarismo o pacifismo?
- ¿Asimilación o multiculturalismo?
- ¿Secularismo o religión?
- ¿Progresismo o tradición?
- ¿Aceleración tecnológica o conservación?
El resultado aparece entonces como un conjunto de porcentajes.
El procedimiento tiene una ventaja evidente: permite representar combinaciones políticas que una línea izquierda-derecha no puede mostrar.
Pero también tiene una limitación fundamental.
El gráfico puede dar la impresión de una precisión científica que en realidad depende de decisiones previas:
- qué cuestiones se seleccionaron;
- qué alternativas fueron ofrecidas;
- cómo fueron formuladas las preguntas;
- qué significado se asignó a cada respuesta;
- qué eje recibió cada pregunta;
- qué peso recibió cada respuesta;
- cómo se construyó la fórmula matemática;
- y, finalmente, qué ideologías fueron utilizadas como modelos de comparación.
Por tanto, el número final no es una propiedad física de la persona.
Es el resultado de un modelo.
4. La polarización: cuando dos polos pretenden explicar todo
Existe además un problema político adicional.
La clasificación binaria favorece la polarización.
Si sólo existen dos lados, cualquier discrepancia puede interpretarse como adhesión al adversario.
Así se construye una lógica peligrosa:
Si no estás conmigo, estás contra mí.
Y posteriormente:
Si estás contra mí, perteneces al otro extremo.
Este mecanismo transforma el debate político en una clasificación de personas.
El problema se agrava cuando la etiqueta sustituye al argumento.
Ya no importa qué propone alguien.
Importa solamente a qué grupo se supone que pertenece.
El resultado es una política de identidades ideológicas en la que la persona deja de ser analizada por sus principios y comienza a ser analizada por la etiqueta que se le asigna.
5. Rompiendo la narrativa de los dos polos: el argumento constitucional
Aquí aparece una cuestión que considero mucho más importante que la división izquierda-derecha:
¿Está el poder sometido a la Constitución?
Esta pregunta no es simplemente otra variable ideológica.
Una persona puede ser socialista, liberal, conservadora, socialdemócrata, nacionalista, internacionalista o partidaria del libre mercado.
Pero todas esas posiciones tienen algo en común si pretenden desarrollarse dentro de una República constitucional:
deben actuar dentro del orden jurídico que las reconoce y limita.
La cuestión constitucional es, por tanto, distinta.
No pregunta solamente:
¿Qué política quieres aplicar?
Pregunta:
¿Quién tiene derecho a aplicar esa política, mediante qué procedimiento y dentro de qué límites?
Y todavía más:
¿Puede una mayoría hacer cualquier cosa que quiera?
Si la respuesta fuera afirmativa, la Constitución perdería buena parte de su función.
Una mayoría podría eliminar derechos fundamentales.
Un gobernante podría prolongar indefinidamente su mandato.
Un Parlamento podría atribuirse facultades que la Constitución no le concede.
Un Gobierno podría suspender las instituciones constitucionales alegando una emergencia.
Por eso, el constitucionalismo introduce una dimensión que no puede reducirse a izquierda y derecha.
6. Los tests ideológicos y el test de Nolan
El intento de representar la política mediante varios ejes no es nuevo.
Uno de los antecedentes más conocidos es el test de Nolan, que trató de superar la clasificación izquierda-derecha utilizando, entre otros elementos, las dimensiones de libertad económica y libertad personal.
La idea era importante: una persona podía defender simultáneamente una gran libertad económica y una gran libertad personal, combinación que la tradicional clasificación izquierda-derecha no representaba adecuadamente.
Los modelos posteriores multiplicaron los ejes.
El 12 Axes, por ejemplo, se presenta como una herramienta para explorar doce dimensiones políticas y ofrece diferentes niveles de profundidad. La versión corta contiene 36 preguntas, la estándar 60 y la extensa un banco mucho mayor de preguntas. (12 Axes Test)
El principio es razonable:
más dimensiones permiten describir mejor una combinación de preferencias.
Pero aumentar el número de dimensiones no resuelve automáticamente el problema fundamental.
Porque siempre queda una pregunta:
¿Quién decidió cuáles son las dimensiones relevantes?
7. La experiencia con 12 Axes
Para comprobar el funcionamiento práctico de este tipo de herramientas se realizaron tres pruebas.
La primera respondió a las preguntas de acuerdo con las propias convicciones.
Las otras dos tuvieron un propósito diferente: seleccionar deliberadamente, en la medida posible, la primera alternativa ofrecida para observar qué resultado producía el sistema.
El objetivo no era demostrar que el algoritmo estuviera «manipulado».
Era algo mucho más sencillo:
examinar qué ocurre cuando las respuestas se modifican sistemáticamente y analizar qué conclusiones puede extraerse realmente de los porcentajes resultantes.
El test no pregunta directamente:
¿Es usted constitucionalista?
Tampoco pregunta:
¿Considera que el Gobierno debe estar sometido estrictamente a la Constitución?
Ni:
¿Puede una mayoría violar un derecho constitucional?
Ni:
¿Puede el gobernante modificar las reglas constitucionales por encima de los procedimientos establecidos?
Estas ausencias son particularmente importantes para el propósito de este artículo.
Cuestionario de 12 Axes
8. Los resultados de las tres pruebas
Los resultados obtenidos fueron los siguientes:
| Eje | Prueba 1 | Prueba 2 | Prueba 3 |
|---|---|---|---|
| EST | 75,0 | 67,0 | 54,5 |
| REP | 75,0 | 28,7 | 28,7 |
| POD | 8,3 | 71,3 | 71,3 |
| IMI | 66,7 | 45,5 | 45,5 |
| DIP | 58,3 | 58,8 | 71,3 |
| INT | 33,3 | 28,7 | 28,7 |
| ECO | 50,0 | 73,0 | 73,0 |
| CON | 16,7 | 48,0 | 48,0 |
| COM | 66,7 | 70,0 | 70,0 |
| REL | 33,3 | 30,0 | 30,0 |
| MOR | 41,7 | 53,0 | 53,0 |
| TEC | 33,3 | 27,0 | 27,0 |
La comparación es interesante.
Las pruebas segunda y tercera produjeron resultados idénticos en la mayoría de los ejes, pero modificaron algunos valores.
Esto es compatible con la utilización de diferentes subconjuntos de preguntas dentro de un banco más amplio. La propia metodología de versiones múltiples explica que no necesariamente se responde siempre al mismo conjunto de afirmaciones. (12Axes)
Esto conduce a una conclusión importante:
un resultado numérico no debe confundirse con una medición absoluta de una ideología.
Es un resultado producido por las preguntas que fueron seleccionadas y por la forma en que esas preguntas fueron ponderadas.
9. La reproducción documental de las preguntas
Para que el análisis pueda ser comprobado, se documentaron las preguntas utilizadas en las pruebas.
Entre ellas se encuentran cuestiones como:
- Los intereses nacionales deben orientar las acciones de mi país en el exterior.
- Ningún país tiene derecho a intentar cambiar el Gobierno de otro país.
- Las criptomonedas deben poder competir libremente con el dinero estatal.
- Mi país debe priorizar el gasto militar aunque otras áreas necesiten recursos.
- Cuando un líder regional y uno nacional discrepan, debe prevalecer el nacional.
- Debe permitirse la minería en bosques protegidos aun cuando produzca cierto impacto ambiental.
- Mi país debe apoyar tribunales internacionales para crímenes de guerra incluso cuando sean juzgados países aliados.
- Las grandes empresas deben pertenecer a sus trabajadores y no a propietarios privados.
- Los precios y salarios deben ser establecidos por el mercado sin intervención estatal.
- Deben ampliarse las cámaras de reconocimiento facial para reducir el crimen.
- Los hijos de inmigrantes deben poder estudiar también la lengua de sus padres.
- Las festividades religiosas no deben ser feriados nacionales.
- Reducir el uso de recursos naturales debe ser prioritario para combatir el calentamiento global.
- Mi país debe estar dispuesto a iniciar una guerra si con ello asegura sus intereses vitales.
- El matrimonio debe reconocerse como una institución religiosa.
- El banco central debe obedecer al Gobierno elegido y no actuar con total independencia.
- Los inmigrantes no deberían tener que abandonar sus costumbres para vivir bien en el país.
- Los inmigrantes que rechacen las costumbres locales deberían perder el derecho a permanecer.
- El Gobierno no debería poder rastrear las compras realizadas mediante sistemas digitales de pago.
- Preferiría una sociedad gobernada por asambleas populares antes que por dirigentes políticos.
- Las tecnologías que alteren el cuerpo, la mente o la reproducción deberían estar restringidas.
- En situaciones graves, el Gobierno debería poder imponer un toque de queda.
- Expertos seleccionados por sus conocimientos deberían gobernar sin ser elegidos por el público.
- Las cadenas de suministro estratégicas deben estar protegidas frente a la competencia extranjera.
- Considero moralmente incorrecto el consumo de pornografía.
- Considero moralmente aceptable el aborto durante las primeras etapas del embarazo.
- La sociedad debería conceder mayor espacio a la fe religiosa.
- La mayor parte de los impuestos recaudados debería permanecer en la región o municipio donde fueron obtenidos.
- Mi país debería presionar a Gobiernos vecinos que amenacen a sus ciudadanos.
- El Estado debería limitar el poder de las grandes empresas privadas.
- Los servicios públicos deberían ser prestados por empresas privadas cuando exista competencia.
- Las empresas extranjeras deberían tener prohibido comprar compañías estratégicas nacionales.
- Debería facilitarse la inversión extranjera.
- Mi país debería ser una unión de regiones con amplia autonomía política.
- Los dirigentes deberían ser elegidos por competencia, tradición o sucesión y no mediante voto popular.
- Debe respetarse la identidad de género declarada por cada persona.
- ¿Sobre qué debería descansar la sociedad?
- ¿Cómo debería organizarse el poder?
- ¿Quién debería controlar la producción?
- ¿Cómo debería actuar el país en el exterior?
- ¿Qué papel debería desempeñar la tecnología?
- ¿Sigue usted alguna religión?
- ¿A qué tradición cristiana pertenece?
Estas preguntas permiten observar algo fundamental:
cada pregunta contiene una determinada concepción del problema político que pretende medir.
10. Las preguntas y sus presupuestos
Consideremos un ejemplo.
Si se pregunta:
«Los expertos seleccionados por sus cualificaciones deberían gobernar sin ser elegidos por el público.»
El rechazo de esta afirmación puede ser interpretado como una posición favorable a la democracia.
Pero también puede expresar otras cosas:
- defensa de la soberanía popular;
- defensa del gobierno representativo;
- rechazo de una tecnocracia;
- defensa de la responsabilidad política;
- defensa del constitucionalismo.
La respuesta es una sola.
Las razones pueden ser múltiples.
Aquí aparece uno de los principales problemas de estos tests:
una respuesta no necesariamente identifica el principio que la produjo.
Otro ejemplo:
«Las decisiones políticas no deberían basarse en creencias religiosas.»
Aceptar esta proposición puede significar:
- defensa del Estado laico;
- separación Iglesia-Estado;
- neutralidad religiosa del Estado;
- rechazo de una teocracia.
No necesariamente significa ser «irreligioso».
Sin embargo, cuando una pregunta es asignada previamente a un eje determinado, la respuesta termina contribuyendo a una puntuación de ese eje.
El algoritmo no puede saber por qué se respondió de determinada manera.
11. Lo que el test no pregunta
Aquí se encuentra, a mi juicio, la principal deficiencia del modelo.
El test formula numerosas preguntas sobre economía, religión, inmigración, tecnología, guerra, medio ambiente, propiedad, centralización y moral.
Pero falta una categoría fundamental:
Constitucionalismo.
No basta con preguntar:
¿Democracia o autocracia?
Porque incluso dentro de una democracia existe una cuestión esencial:
¿Qué puede hacer una mayoría?
Supongamos que el 70 % de los ciudadanos vota a favor de eliminar una libertad constitucional.
¿Puede hacerlo?
Si la respuesta es sí, entonces la Constitución queda subordinada a la mayoría.
Pero si determinados derechos y reglas fundamentales están por encima de las decisiones ordinarias de la mayoría, entonces existe un orden constitucional que limita al poder político.
La misma pregunta puede formularse respecto al gobernante:
Si un presidente obtiene una mayoría electoral extraordinaria, ¿puede hacer todo aquello que considere necesario?
La respuesta constitucional debe ser negativa.
El gobernante recibe poder de la Constitución; no recibe de una elección el derecho a colocarse por encima de ella.
12. República no es democracia
Esta distinción merece especial atención.
Una República y una democracia no son términos sinónimos.
La democracia es, fundamentalmente, una forma mediante la cual el soberano participa en la determinación del poder político y, particularmente, en la selección de quienes administrarán el Estado.
La República, en cambio, implica una determinada organización del poder público, de sus instituciones y de sus responsabilidades ante la ley.
Puede existir una democracia sin suficientes garantías constitucionales.
Puede existir una mayoría que utilice los procedimientos electorales para destruir las instituciones que permiten la propia democracia.
Por eso, la pregunta decisiva no es simplemente:
¿Quién ganó las elecciones?
La pregunta es:
¿Qué puede hacer quien ganó las elecciones?
Si puede hacer cualquier cosa, la elección se convierte en una autorización ilimitada.
Si está sometido a la Constitución, entonces la elección produce un administrador del poder dentro de un orden jurídico preexistente.
Esta diferencia es fundamental para comprender el Estado constitucional.
13. El Estado constitucional como dimensión diferente
Aquí es donde el argumento central de este artículo adquiere toda su importancia.
El constitucionalismo no debe convertirse simplemente en otro eje ideológico junto a los doce ejes de un test.
No es una preferencia comparable con «mercado versus planificación».
Es una cuestión acerca de la naturaleza y los límites del poder político.
Una persona puede ser:
- socialista y constitucionalista;
- liberal y constitucionalista;
- conservadora y constitucionalista;
- socialdemócrata y constitucionalista;
- nacionalista y constitucionalista;
- internacionalista y constitucionalista.
El constitucionalismo no determina por sí solo la política económica, la política exterior o la política social.
Determina algo anterior:
las reglas dentro de las cuales esas diferentes opciones pueden competir.
Por eso, la Constitución de 1940 (C40) no debe presentarse como una ideología política más.
La Constitución de 1940 es, en este planteamiento, el marco constitucional dentro del cual pueden existir distintas opciones políticas.
Esto debe quedar absolutamente claro.
C40 significa Constitución de 1940.
No significa una ideología.
No significa una corriente económica.
No significa una ciudad verde.
No significa una posición de izquierda o derecha.
Es simplemente la forma abreviada de referirse a la Constitución de 1940.
14. Globalización, globalismo y soberanía
La misma necesidad de distinguir conceptos aparece en otro terreno frecuentemente simplificado.
No es lo mismo globalización que globalismo.
La globalización describe un proceso histórico de creciente comunicación, intercambio económico, cultural y tecnológico entre sociedades y países.
El globalismo, en cambio, puede utilizarse para describir proyectos políticos que pretenden llevar esa interdependencia hacia formas de organización política supranacional cada vez más fuertes, incluso hasta cuestionar la soberanía de los Estados nacionales.
Son conceptos diferentes.
Una persona puede defender ampliamente la cooperación internacional y, simultáneamente, defender la soberanía constitucional de su nación.
De nuevo, una sola etiqueta ideológica resulta insuficiente.
La pregunta constitucional vuelve a aparecer:
¿Quién posee el poder soberano y cuáles son las reglas jurídicas que lo limitan?
15. Hans Kelsen y el problema del poder sometido al derecho
Este punto nos conduce a Hans Kelsen, cuya obra resulta especialmente relevante para comprender la relación entre Estado y orden jurídico.
Kelsen rechazó la idea de considerar al Estado como una entidad completamente separada del orden jurídico. En su teoría, el Estado aparece inseparablemente relacionado con el orden normativo que organiza y regula el ejercicio del poder.
Esto conduce a una consecuencia fundamental:
el poder político no puede ser entendido únicamente como capacidad de imponer decisiones.
Existe una diferencia entre poder de hecho y poder jurídicamente organizado.
Un grupo armado puede controlar físicamente un territorio.
Eso constituye poder.
Pero no por ello ese poder es necesariamente legítimo dentro de un orden constitucional.
Del mismo modo, un gobernante puede tener la fuerza suficiente para imponer una decisión.
Pero la existencia de esa capacidad no significa que la decisión sea constitucional.
Aquí aparece una distinción fundamental:
Poder de hecho
Puede imponer obediencia mediante la fuerza.
Poder jurídico
Está organizado, autorizado y limitado por normas.
Poder constitucional
Además de estar jurídicamente organizado, se encuentra sometido a las normas fundamentales que determinan quién puede ejercerlo, cómo puede hacerlo y cuáles son sus límites.
Esta distinción es mucho más profunda que izquierda y derecha.
16. Conclusión: de izquierda y derecha a República y Constitución
Los tests ideológicos pueden ser útiles.
Pueden ayudar a una persona a descubrir contradicciones entre sus propias preferencias.
Pueden mostrar que sus ideas no caben fácilmente dentro de una línea izquierda-derecha.
Pueden servir como herramientas educativas.
Pero no deben convertirse en oráculos políticos.
Un porcentaje no es una ideología.
Una etiqueta no es una teoría política.
Un gráfico no es una Constitución.
Y una coincidencia estadística con determinada corriente política no determina necesariamente las razones por las cuales una persona sostiene determinadas posiciones.
Existe además un problema todavía más profundo: la mayoría de estos instrumentos parten de categorías previamente seleccionadas.
El diseñador decide qué preguntas considera importantes, qué alternativas ofrece, qué respuestas corresponden a qué polos y qué peso tendrá cada una.
Por eso, cuanto más sofisticado parece el resultado, mayor debe ser nuestra prudencia.
Un número como 71,3 % puede parecer extraordinariamente preciso.
Pero la precisión matemática del resultado no significa necesariamente una precisión equivalente en la descripción de la realidad política.
Y aquí volvemos a la cuestión fundamental.
Una República no puede depender de que un test determine si sus ciudadanos son de izquierda, derecha, centro, progresistas o conservadores.
Una República necesita algo anterior:
ciudadanos capaces de comprender la Constitución y gobernantes obligados a respetarla.
Así como no existen personas con dos brazos derechos, tampoco existe una «derecha pura» ni una «izquierda pura» capaz de explicar toda la complejidad del pensamiento político. Las etiquetas pueden servir para orientarnos, pero no pueden sustituir el análisis.
Lo verdaderamente decisivo es determinar qué concepción tenemos del Estado, del poder, de la libertad, de la soberanía y de la ley.
Y, sobre todo:
¿Quién está por encima de quién: el poder por encima de la Constitución o la Constitución por encima del poder?
Esa pregunta no la responde ningún porcentaje.
La responde el constitucionalismo.
Constitución de 1940: el punto de partida cubano
Para Cuba, esta cuestión no es puramente académica.
La experiencia histórica demuestra que un gobernante puede llegar al poder invocando la voluntad popular, la democracia, la revolución, la justicia social, la soberanía nacional o cualquier otra causa y, posteriormente, utilizar ese mismo poder para destruir las instituciones que debía respetar.
Por eso, después de una ruptura del orden existente, el problema no consiste simplemente en escoger qué ideología gobernará Cuba.
El problema previo consiste en determinar bajo qué Constitución deberá gobernarse Cuba.
Desde esta perspectiva, la Constitución de 1940 (C40) no es una opción ideológica que compita con socialismo, liberalismo, conservadurismo o cualquier otra doctrina.
Es el marco constitucional.
Dentro de ese marco pueden existir diferentes partidos, programas y concepciones políticas, siempre que respeten las reglas constitucionales.
Esta es precisamente la diferencia entre una República constitucional y un régimen en el que quien controla el poder pretende convertirse en fuente ilimitada del derecho.
Por ello, la educación cívica resulta indispensable.
Un pueblo que desconoce su Constitución puede ser fácilmente convencido de que cualquier gobernante tiene derecho a modificarla en nombre de la mayoría, de la revolución, de la emergencia nacional o de una supuesta misión histórica.
Un pueblo que conoce sus derechos y las limitaciones constitucionales del poder está mucho mejor preparado para impedir que vuelva a producirse esa situación.
La verdadera cuestión, entonces, no es:
¿Izquierda o derecha?
Ni siquiera:
¿Qué ideología debe gobernar?
La cuestión fundamental es:
¿República o poder sin límites?
Y para Cuba, la respuesta que propone este proyecto es inequívoca:
República constitucional bajo la plena vigencia de la Constitución de 1940.
Ese es el significado de C40.
Y esa es la razón por la cual una futura TransicionC40 no puede reducirse a un simple cambio de gobernantes. Debe tener como objetivo la recuperación de la legalidad constitucional y la restitución plena de la Constitución de 1940, dejando que, dentro de ese marco, los cubanos decidan democráticamente sus diferentes opciones políticas.
La Constitución no debe estar al servicio del poder.
Es el poder quien debe estar al servicio de la Constitución.
Referencias principales
- Hans Kelsen, General Theory of Law and State.
- Hans Kelsen, Pure Theory of Law.
- Hans Kelsen, The Essence and Value of Democracy.
- 12 Axes, documentación y metodología del test. La plataforma describe expresamente sus resultados como descriptivos y ofrece diferentes niveles de profundidad. (12 Axes Test)
- Documentación y resultados de las tres pruebas realizadas para este análisis.
- Constitución de la República de Cuba de 1940.
Nota editorial: En todo este artículo, C40 significa exclusivamente “Constitución de 1940”. Cuando se hace referencia al proyecto o movimiento que promueve su restitución, se utiliza MovimientoC40; y TransicionC40 designa el proceso de transición cuyo objetivo es la restitución de la Constitución de 1940.
Información Adicional
[1] 12 Axes – Do you really know your political ideology?
[2] YouTube – Diagrama de Nolan. Izquierda-Derecha-Totalitario-Liberal.
[3] El Catoblepas – Sobre las ideologías
[4] Teatro Crítico – El diagrama de Nolan ¿Qué es la izquierda y la derecha?
[5] Averigua en qué lado de la política estás con este test
[6] YouTube – ¿CUAL ES MI IDEOLOGÍA POLÍTICA? – TEST DIAGRAMA de NOLAN
[7] 12 Axes – Resultados de los tests
–1er Test
–2do Test:
–3er Test:
[8] Chat GPT – Análisis de los resultados






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