Hilos Desenrollados

El servicio Uber para Maduro

El servicio Uber para Maduro

Contra la narrativa simplista: una interpretación jurídicamente coherente de la salida de Maduro.

Las narrativas dominantes sobre la salida de Nicolás Maduro de Venezuela oscilan entre dos extremos: un secuestro extranjero que viola el derecho internacional, o una intervención heroica que derroca a un dictador. Ambas comparten un defecto esencial: suponen que lo visible fue lo determinante. Esa premisa no es ni jurídicamente necesaria ni analíticamente sólida.

Un análisis riguroso debe comenzar —y detenerse— en lo verificable.

Lo públicamente confirmado es mínimo: un equipo estadounidense ingresó en territorio venezolano, Nicolás Maduro salió con ellos y el Estado venezolano no colapsó. Si se trata de una captura, una extracción forzada, una entrega voluntaria o una salida negociada permanece deliberadamente inaccesible. Cualquier análisis serio debe aceptar que los hechos decisivos están ocultos.

Esa opacidad no es accidental. Es funcional.

La variable omitida: dos fuerzas extranjeras, no una

La mayoría de los análisis cometen una omisión fundamental: tratan los hechos como un enfrentamiento entre Venezuela y Estados Unidos. En realidad, existían dos actores extranjeros con roles asimétricos.

Durante años, la seguridad personal de Maduro estuvo en manos de personal cubano. Esto no es un detalle logístico. La custodia física del poder ejecutivo es una función soberana esencial. Cuando la protección inmediata de un jefe de Estado está controlada por una potencia extranjera, la soberanía puede subsistir formalmente, pero queda materialmente comprometida en su punto más sensible.

La soberanía no es una abstracción: se ejerce mediante control efectivo, no mediante declaraciones.

Si la custodia ejecutiva está externalizada, el poder queda condicionado, aunque el resto del aparato estatal continúa funcionando. Esto no equivale a una ocupación total, pero sí a una afectación soberana localizada.

Los actores racionales no eligen el caos.

Quienes rechazan esta lectura suelen plantear una pregunta simplista: ¿por qué Maduro cooperaría en su propia salida?

La pregunta correcta es otra: ¿Qué opciones quedan cuando todas las salidas están cerradas?

En un sistema donde:

la custodia del poder ejecutivo está comprometida,

la penetración institucional persiste fuera del control inmediato,

una ruptura pública conduciría a una guerra civil,

y la confrontación abierta invitaría a una escalada internacional,

un actor racional no busca legitimidad épica. Busca contención.

En ese contexto, la opción más plausible no es una purga nacional ni una rebelión pública, sino una recuperación interna, limitada y silenciosa del control, circunscrita a un perímetro reducido —un búnker o una base militar— y ejecutada con un núcleo mínimo y confiable del alto mando venezolano.

No se requiere controlar todo el país. Basta con controlar un momento, un espacio y una decisión.

La funcion del teatro

Una vez recuperado el control efectivo en ese perímetro, surge un nuevo problema: cómo salir sin destruir el sistema.

Aquí, la escenificación pública —helicópteros, disparos, esposas— debe entenderse no como prueba de dominación, sino como teatro estratégico. Su función no es engañar por espectáculo, sino:

ocultar la coordinación interna,

proteger a los participantes,

neutralizar redes extranjeras aún activas,

y preservar la negación plausible para todos los actores.

El teatro, en este contexto, se estabiliza.

Esta lectura explica una serie de hechos que, de otro modo, resultan difíciles de conciliar:

ausencia de bajas estadounidenses,

inacción de las defensas venezolanas,

ausencia de combate urbano,

silencio y no represalia cubana,

continuidad institucional,

inexistencia de ocupación,

ausencia de purgas.

Si hubiera existido una captura hostil, al menos uno de estos elementos habría sido difícil de evitar. Su ausencia conjunta no prueba la hipótesis, pero constituye un patrón significativo.

El argumento más fuerte contra la narrativa de la captura no es lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió.

El Estado venezolano no fue desmontado. Los mecanismos constitucionales de sucesión permanecieron activos. Los funcionarios públicos actuaron con notable serenidad. No hubo revancha social ni euforia revolucionaria.

Así no luce un cambio de régimen impositivo desde fuera.

Igualmente reveladora es la exclusión deliberada de figuras opositoras como Edmundo González y María Corina Machado del proceso inmediato. Si Estados Unidos hubiera diseñado una sustitución política, su elevación habría sido lógica. No ocurrió. Se privilegio la continuidad.

La continuidad no es neutral. Es una decisión.

La intervención pública de Nicolás Maduro Guerra, apoyando explícitamente a Delcy Rodríguez, refuerza esta lectura. Un hijo no legítima a quienes derrocan violentamente a su padre; legítima una sucesión ya comprendida como ordenada.

Respuesta a la objeción de la “especulación”

La objeción habitual sostiene que esta tesis se basa en inferencias. Es cierto. Pero toda reconstrucción seria de eventos encubiertos lo hace.

El derecho no exige omnisciencia; exige coherencia con los hechos observables y con el comportamiento institucional.

La narrativa de la captura requiere asumir:

una contención extraordinaria de todos los actores,

una pasividad inexplicable de Cuba,

y una súbita preferencia estadounidense por la continuidad constitucional.

Eso no es más simple. Es menos creíble.

El límite decisivo: el derecho estadounidense

Desde la perspectiva constitucional de Estados Unidos, la distinción es crucial.

Si Estados Unidos:

no iniciaron hostilidades,

no arrestó ni coaccionó,

sin impuso resultados políticos,

y actuó solo después de que el control interno efectivo fue restablecido,

entonces:

no hay acto de guerra, no hay aplicación extraterritorial del derecho penal,

no se activa automáticamente la Resolución de Poderes de Guerra,

no existe violación constitucional evidente.

La discreción ejecutiva, acompañada de notificación clasificada a los líderes del Congreso, encaja plenamente en el marco legal vigente.

Esto no es una anomalía. Es precisamente para estos escenarios que el sistema fue diseñado.

Conclusión: plausibilidad frente al mito

Esta tesis no absuelve a Maduro.

No glorifica a Estados Unidos.

No niega abusos anteriores.

Hace algo más austero y más difícil: trata a los actores como racionales, limitados por circunstancias extremas y obligados a elegir entre malas opciones.

Explica continuidad donde se esperaba caos, contención donde se anticipaba escalada y silencio donde se pronosticaba furia.

Y, sobre todo, explica los hechos sin recurrir a milagros.

En geopolítica, ese suele ser el argumento más sólido.

 

 

Fuentes:

Información Adicional

 

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