Iniciativas

Carta Abierta a los dirigentes políticos de EE. UU.y la OEA

Gallo de Morón

CARTA ABIERTA

A dirigentes políticos de los Estados Unidos y de la Organización de los Estados Americanos

17 March 2026

 

A la atención de Donald J. Trump, Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, a los miembros del Congreso de los Estados Unidos, y a los representantes de la Organización de los Estados Americanos (OEA):

Les escribimos nosotros, el movimiento constitucionalista, para plantear una cuestión que, a la luz de los acontecimientos recientes en Cuba, deja de ser una hipótesis abstracta y comienza a convertirse en una posibilidad política real.

La historia política cubana demuestra que, cuando el país busca salir de una crisis profunda, lo hace levantando una constitución como bandera de legitimidad. Así ocurrió con Guáimaro (1869), Jimaguayú (1895), La Yaya (1897), la Constitución de 1901 y la Constitución de 1940, una de las constituciones más avanzadas hasta nuestros días en el hemisferio occidental.

Incluso en momentos decisivos de nuestra historia reciente, la idea de restaurar el orden constitucional ha estado presente. En Playa Girón (1961) existió la concepción de establecer una cabeza de playa que permitiera proclamar un gobierno provisional. En las protestas del 11 de julio de 2021 aparecieron carteles y consignas que reclamaban la restitución de la Constitución de 1940. Posteriormente, episodios como los ocurridos en Nuevitas y más recientemente en Morón muestran un fenómeno creciente: comunidades locales que desafían el control político del régimen.

En este contexto, queremos expresar con claridad que una de las líneas de trabajo dentro de nuestra estrategia cívica consiste en lograr que, llegado el momento, los ciudadanos de uno o varios municipios cubanos asuman el control político local y declaren en su territorio restituida la Constitución de 1940.

La lógica de este planteamiento es simple: convertir una protesta social en un acto jurídico■político de restauración constitucional, desde el nivel municipal hacia el conjunto de la nación.

Ante esa posibilidad —que cada día se vuelve más probable a medida que la crisis cubana se profundiza— consideramos imprescindible plantear una pregunta directa a quienes hoy influyen de manera determinante en la política internacional hacia Cuba:

¿Reconocerán ese acto como una expresión legítima de soberanía popular? ¿Lo ignorarán? ¿O intentarán dirigir desde el exterior el curso de una transición que nace de la voluntad cívica de los propios cubanos?

La historia demuestra que las transiciones políticas en Cuba no siempre siguen los diseños previstos por actores externos. En 1933, por ejemplo, los acontecimientos internos terminaron desbordando las fórmulas concebidas desde la diplomacia internacional. Algo similar podría ocurrir nuevamente si el proceso de cambio nace desde el nivel municipal y bajo una bandera constitucional.

Por esa razón creemos necesario conocer desde ahora cuál sería la posición de los Estados Unidos, del Congreso norteamericano y de los organismos interamericanos ante un escenario como este.

La pregunta es sencilla, pero su respuesta puede resultar decisiva para el futuro inmediato de Cuba: Si el pueblo cubano restituye por sí mismo la Constitución de 1940 en parte de su territorio, ¿cómo reaccionarán ustedes?

 

Atentamente,
Nosotros, el Movimiento constitucionalista Cubano (MovimientoC40)

 

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OPEN LETTER

To political leaders in the United States and the Organization of American States

March 17, 2026

 

To the attention of Donald J. Trump, Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, the members of the United States Congress, and the representatives of the Organization of American States (OAS):

We, the constitutionalist movement, are writing to raise an issue that, in light of recent events in Cuba, is no longer an abstract hypothesis but is beginning to become a real political possibility.

Cuban political history shows that when the country seeks to emerge from a deep crisis, it does so by raising a constitution as a banner of legitimacy. This was the case with Guáimaro (1869), Jimaguayú (1895), La Yaya (1897), the 1901 Constitution, and the 1940 Constitution, one of the most progressive constitutions in the Western Hemisphere to this day.

Time and again, at decisive moments in our recent history, the idea of restoring constitutional order has been present. At Playa Girón (1961), there was a plan to establish a beachhead that would allow for the proclamation of a provisional government. During the protests of July 11, 2021, signs and slogans appeared calling for the restoration of the 1940 Constitution. Subsequently, episodes such as those that occurred in Nuevitas and more recently in Morón reveal a growing phenomenon: local communities defying the regime’s political control.

In this context, we wish to make it clear that one of the key components of our civic strategy is to ensure that, when the time comes, the citizens of one or more Cuban municipalities take control of local government and declare the 1940 Constitution restored within their territory.

The logic behind this approach is simple: to transform a social protest into a legal and political act of constitutional restoration, from the municipal level to the nation as a whole.

Given this possibility—which becomes more likely every day as the Cuban crisis deepens—we consider it essential to pose a direct question to those who today exert a decisive influence on international policy toward Cuba:

Will they recognize this act as a legitimate expression of popular sovereignty? Will they ignore it? Or will they attempt to steer from abroad the course of a transition that stems from the civic will of the Cuban people themselves?

History shows that political transitions in Cuba do not always follow the blueprints drawn up by external actors. In 1933, for example, internal events ended up overwhelming the formulas devised by international diplomacy. Something similar could happen again if the process of change originates at the municipal level and under a constitutional banner.

For that reason, we believe it is necessary to know now what the position of the United States, the U.S. Congress, and inter-American organizations would be in a scenario like this.

The question is simple, but its answer could prove decisive for Cuba’s immediate future: If the Cuban people restore the 1940 Constitution on their own in part of their territory, how will you react?

 

Sincerely,
We, the Cuban Constitutionalist Movement (MovimientoC40)

 

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