Puntos de Vista

Cuba al límite: El estado de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba

Cuba al límite: El estado de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba

El siguiente video corresponde a un panel organizado por el CFR bajo el título «Cuba on the Brink: The State of U.S.-Cuba Relations», celebrado el 15 de julio de 2026.

Entre los participantes estuvieron:

  • Ricardo Herrero (Cuba Study Group),
  • María Werlau (Cuba Archive / Free Society Project),
  • Jorge Piñón (Universidad de Texas).

La discusión giró alrededor de:

  • la crisis energética;
  • las sanciones estadounidenses;
  • la posibilidad de distintos escenarios políticos;
  • el riesgo de mayor inestabilidad;
  • las opciones de política exterior de Estados Unidos. (Council on Foreign Relations)

Lo interesante es que el debate no parte de la pregunta «¿habrá transición?», sino más bien de «¿cómo prepararse para diferentes escenarios?».

Nota: Este video tiene audio en español, para habilitarlo, haga click en ajustes (rueda dentada) , audio, idioma.

Transcripción

Los panelistas debaten sobre el impacto de las sanciones estadounidenses, la posibilidad de una acción militar de Estados Unidos y la persistente crisis energética en Cuba.

MCKEAGUE: Gracias, Liz. Buenas tardes y bienvenidos a la reunión virtual de hoy del Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations) titulada «Cuba al límite: El estado de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba». Me llamo Kezia McKeague y soy directora gerente del equipo de América Latina en McClarty Associates. Es un placer para mí moderar la sesión de hoy.

Antes de comenzar, quisiera hacer una breve nota personal. A pesar de que mi apellido no es obviamente cubano, mi madre es cubanoestadounidense y he viajado a la isla en múltiples ocasiones durante los últimos veinticinco años; la primera vez fue en 2001. Esa experiencia me ha permitido comprender realmente la complejidad de los temas que exploraremos en la próxima hora. También soy miembro orgullosa del Cuba Study Group, dirigido por Ricardo Herrero, uno de nuestros panelistas de hoy.

Cuba comenzó el año 2026 enfrentándose a una combinación inusualmente precaria de fragilidad económica, un sistema energético en deterioro y la falta de un apoyo externo fiable —tras la operación militar estadounidense en Venezuela— que anteriormente le había ayudado a superar otras crisis. Al mismo tiempo, el gobierno de Estados Unidos intensificó drásticamente la presión económica y diplomática, especialmente en lo referente al acceso de Cuba al petróleo. Varios meses después, la gravedad de la situación es aún más evidente. Como señalaba recientemente un editorial del *Financial Times*, Cuba atraviesa un colapso económico del tipo que suele asociarse a tiempos de guerra. El suministro eléctrico solo está disponible durante periodos limitados. Los servicios básicos se deterioran y la presión humanitaria sigue aumentando.

Como veremos, la crisis no puede atribuirse a una sola causa. Si bien la presión estadounidense ha agravado claramente las dificultades, décadas de falta de inversión, control económico centralizado y resistencia a reformas significativas han dejado al país en una situación de extrema vulnerabilidad. Más recientemente, en junio, el gobierno cubano aprobó un paquete de reformas económicas de posible gran alcance. Hablaremos sobre ello. Una de las cuestiones principales que quisiera abordar hoy es si dichas medidas se implementarán con la rapidez y profundidad suficientes para alterar la trayectoria del país, y si este momento de presión excepcional conducirá a la negociación y al cambio. Los observadores de la realidad cubana llevan mucho tiempo esperando un cambio, un cambio significativo. O si, por el contrario, se llegará a una situación de privaciones más agudas, un nuevo auge migratorio y una inestabilidad incontrolada.

Para ayudarnos a analizar estas cuestiones, tengo el placer de contar con tres expertos distinguidos: Ricardo Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group; Maria Werlau, cofundadora y directora ejecutiva del Free Society Project, también conocido como Cuba Archive; y Jorge Piñon, investigador colaborador sénior del Instituto de Energía de la Universidad de Texas en Austin —y no existe mayor experto en el sector energético de Cuba—. Es un placer tenerlos aquí hoy.

Rick, permíteme empezar contigo para contextualizar la situación. ¿Cómo describirías la situación actual en Cuba? Aprovecho también para mencionar tu reciente artículo en *Foreign Affairs* —que recomiendo a todos—, escrito en colaboración con Mike Bustamante, también miembro del CSG. En dicho artículo, sostienes que Cuba ha sido llevada al borde del abismo tanto por la intensificación de la presión estadounidense como por décadas de políticas internas fallidas, y que, en realidad, Cuba solo tiene una opción: negociar con Estados Unidos. ¿Modifican sustancialmente esa evaluación las reformas aprobadas en junio? Y cuando el título de nuestra charla describe a Cuba como un país «al borde del abismo», ¿al borde de qué? ¿Qué opciones les quedan tanto a La Habana como a Washington? Tienes la palabra. Gracias.

HERRERO: Gracias, Kezia. Y gracias por la mención. Agradezco al CFR que nos acoja hoy y saludo a todos los que nos siguen en la transmisión.

Así es, como mencionó Kezia, el título de este debate es «Cuba al borde del abismo». Ella pregunta: ¿al borde de qué? Yo diría que hay al menos tres precipicios en el horizonte inmediato que vale la pena analizar y que servirán para plantear la discusión de hoy. El primero sería el colapso del Estado. Hoy en día, Cuba ya presenta muchas de las características propias de un Estado fallido. Es un país que atraviesa un colapso multidimensional y a cámara lenta, el cual está erosionando la calidad de vida básica de la población sin que se vislumbre un final. La crisis energética es el rasgo distintivo de dicho colapso. Dejaré que Jorge nos explique su magnitud e implicaciones, pero baste decir que Cuba ha sufrido aproximadamente diez apagones nacionales desde 2024, y que los cortes de electricidad programados son hoy una realidad cotidiana para la mayoría de los cubanos. Su PIB se ha contraído entre un 11 % y un 15 % (según estimaciones) desde 2020. Cuba, que ya arrastraba algún tipo de crisis económica desde el fin de la Guerra Fría, nunca llegó a recuperarse realmente de la pandemia; desde entonces, ha experimentado un declive económico constante, sin atisbo alguno de reactivación.

Su tasa oficial de inflación ronda el 18 % aunque estimaciones alternativas sugieren que la cifra es mucho mayor. El peso se ha desplomado y la economía se ha dolarizado parcialmente. Para hacerse una idea de la magnitud de la inflación: en 2020, el tipo de cambio era de un dólar por veinticuatro pesos; hoy, con un dólar se pueden comprar aproximadamente 660 pesos en el mercado informal. La emigración ha alcanzado niveles sin precedentes en los últimos años. Se estima que Cuba ha perdido 2,5 millones de habitantes —entre el 10 % y el 15 % de su población— tan solo en el último lustro, incluyendo una proporción desmesurada de personas en edad laboral y reproductiva. A esto hay que sumar que el país se enfrenta a una bomba de relojería demográfica. Actualmente, Cuba tiene la población que envejece más rápidamente de América Latina: más del 26 % de sus residentes tienen sesenta años o más. Esta crisis también está impulsada por el desplome de la tasa de natalidad, que ha tocado mínimos históricos en los últimos años, agravado por dicho éxodo migratorio.

Lo que hace que la situación sea especialmente grave es que el aparato estatal —es decir, el gobierno cubano, su burocracia y su partido— ha perdido prácticamente la capacidad de responder a estas necesidades o de tomar decisiones integrales y reales para rectificar el rumbo. El mes pasado se anunció un paquete de 176 medidas económicas largamente postergadas para hacer frente a esta crisis. Muchas de ellas ya se han implementado —y hablaremos de ellas más adelante—, pero a día de hoy el gobierno carece de credibilidad sobre su capacidad para llevar a cabo reformas integrales o para comprometerse con ellas de manera decidida. Podría decirse que este es el menos deseable de todos los escenarios críticos. Podría derivar en una migración marítima masiva o permitir que narcotraficantes o adversarios extranjeros se establezcan en la isla. Básicamente, nos encontraríamos ante un Estado fallido con una superficie cuatro veces mayor que la de Haití, situado a tan solo noventa millas de las costas estadounidenses.

Ese segundo escenario crítico, así como los dos siguientes, se desarrollarían con mucha mayor rapidez. Se trataría de un posible cambio de régimen. Este es el escenario que muchos en la diáspora cubana y en la isla desearían ver; sin embargo, nos enfrentamos a un régimen que, durante sesenta y siete años, se ha caracterizado por una sólida cohesión de las élites —tanto en su cúpula como en el partido— y por un robusto aparato de seguridad estatal que vigila estrechamente y mantiene el control sobre la población. Aunque existen fisuras entre las distintas facciones del Estado —más visibles que nunca—, todavía no hay indicios de una ruptura inminente. Por otro lado, la oposición al régimen sigue estando mayoritariamente fragmentada y desorganizada; hoy en día, sus miembros se encuentran en prisión o en el exilio forzoso. Incluso si el régimen llegara a colapsar o se produjera algún cambio en la estructura gubernamental actual, surge la pregunta: ¿con qué se les reemplazaría? ¿Quién tomaría el mando? ¿Surgiría la democracia de las cenizas de este régimen o sería sustituido por otra dictadura? Realmente no lo sabemos.

El último escenario crítico que quiero mencionar antes de ceder la palabra a los demás es una posible reconfiguración negociada del poder en Cuba. Esto es precisamente lo que ha cambiado desde el 3 de enero, tomando como posible modelo lo que está ocurriendo en Venezuela. Lo que vemos en Venezuela nos ofrece la imagen más clara hasta la fecha de lo que la administración Trump podría pretender construir al ejercer una influencia decisiva sobre un adversario derrotado. Estoy seguro de que tendremos oportunidad de profundizar en este tema. Probablemente este no sea el desenlace que muchos en la diáspora cubana esperan; no obstante, es una posibilidad cada vez más real a medida que continúan las conversaciones de alto nivel entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba.

Tienes el micrófono silenciado, Kezia.

MCKEAGUE: Disculpa. Gracias. Brevemente, antes de pasar a hablar de la crisis energética con Jorge, ¿qué opinas de las recientes amenazas veladas —o más bien, las realizadas a lo largo de los últimos meses— por parte de Washington sobre una intervención militar?

HERRERO: Creo que… bueno, considero que deben tomarse en serio. A mi juicio, la mayor probabilidad de que ocurrieran existía antes de julio. Ahora nos encontramos en el tercer trimestre del año y estamos entrando en la temporada de campaña para las elecciones de mitad de mandato. Tenemos una situación bélica en Irán que no parece llegar a su fin. Tenemos una situación en Venezuela que se complica aún más debido a las labores de ayuda tras el huracán y a los recursos destinados a ello. Es difícil imaginar cómo se desarrollaría la situación si llegara a producirse una acción militar. También debemos tener en cuenta que la acción militar puede adoptar diversas formas: podría tratarse de un ataque cinético contra instalaciones militares de doble uso, de una operación de extracción similar a la que vimos en Caracas el 3 de enero, o de una invasión a gran escala. Por el momento, no observamos una acumulación de fuerzas y recursos en la zona del Caribe que apunte a esta última opción.

Sin embargo, es una posibilidad que sigue sobre la mesa. Considero que, ante estos distintos escenarios críticos, si no se logra alcanzar algún tipo de acuerdo con Estados Unidos, y se produce una espiral descendente que conduce al colapso del Estado; el resultado es, básicamente, un territorio ingobernable a noventa millas de nuestras costas, lo cual podría desencadenar algún tipo de operación de estabilización. Pero creo que, en este momento, ambas partes buscan un acuerdo. Ahora bien, el secretario Rubio ha fijado condiciones muy exigentes para dicho acuerdo. Sin embargo, todo apunta a que —incluso con la intensa campaña de sanciones y las medidas impuestas recientemente a Cuba bajo la ley IEEPA— ambas partes persiguen ese objetivo: ver si es posible alcanzar un acuerdo viable, similar al que estamos viendo en el caso de Venezuela.

MCKEAGUE: Así es. Gracias. Jorge, ya hemos mencionado la frecuencia de los apagones a nivel nacional. De hecho, Cuba sufrió otro ayer mismo. Quisiera pasar ahora a hablar de la crisis energética, que es, en realidad, una de las manifestaciones más inmediatas del deterioro económico generalizado que atraviesa Cuba. ¿Podría describirnos la anatomía de esta crisis? ¿En qué medida es consecuencia del deterioro estructural a largo plazo del sistema eléctrico? ¿Cuánto se debe a la actual escasez de combustible? ¿Y qué requeriría una vía realista hacia la estabilización?

Piñon: Por cierto, gracias por la invitación.

El desafío es estructural. Las dieciséis unidades generadoras en funcionamiento en el país son viejas; están desgastadas. No han recibido mantenimiento mayor desde hace, al menos, diez o quince años. Por tanto, el reto que enfrenta Cuba es estructural. Esas unidades operan a menos del 80 por ciento de su capacidad. Y debemos recordar —como lo demuestran los recientes apagones de las últimas veinticuatro horas— que el sistema está totalmente interconectado. Así que, cuando falla una de las unidades —que ya de por sí opera al 80 por ciento de su capacidad—, las demás deben compensar el déficit, algo que no logran hacer. Se produce entonces un efecto dominó, tal como hemos visto aquí en las últimas veinticuatro o cuarenta y ocho horas.

No existe solución para ese problema; no hay ningún remedio provisional capaz de resolverlo. Esas unidades son viejas y requieren mantenimiento. Y Cuba simplemente no cuenta con el dinero ni la capacidad para hacerlo. Además, utilizan crudo cubano —de producción nacional— como combustible. Se trata de un crudo con alto contenido de azufre y metales, lo que lo hace altamente corrosivo. Es un círculo vicioso: reparan las unidades y, en cuestión de veinticuatro o cuarenta y ocho horas, tienen que procesar este crudo pesado, lo que provoca que las unidades vuelvan a averiarse. Por tanto, no existe una solución a corto plazo.

La solución a largo plazo consiste en transformar todo el sistema en uno de ciclo combinado alimentado por gas natural licuado (GNL). Esto llevará entre tres y cinco años y requerirá una inversión superior a los 5.000 millones de dólares para ponerse en marcha. A corto plazo, podrían recurrir nuevamente a las barcazas de generación eléctrica turcas que trajeron en 2019 —y que, por cierto, abandonaron la isla en 2024 porque Cuba no podía afrontar los pagos—. Se rumorea —aunque no lo hemos confirmado— que los cubanos adeudan más de 100 millones de dólares a los turcos por esas barcazas que ya salieron del país.

La otra solución a corto plazo que hemos debatido extensamente son, por supuesto, las energías renovables, principalmente la solar. Sin embargo, la energía solar plantea sus propios desafíos. Ya se han instalado cincuenta y cuatro unidades de unos veintidós megavatios cada una, donadas por China, lo que suma cerca de 2.000 megavatios. No obstante, carecen de sistemas de almacenamiento a gran escala (baterías), aunque ahora intentan poner dos de ellos en funcionamiento. Por ello, estas unidades solo operan cuando hay sol. De hecho, el informe más reciente indica que, hace unas cuarenta y ocho horas, solo pudieron generar el 50 % de su capacidad. No es que haya ningún fallo técnico; simplemente hay nubes y lluvias en el centro de Cuba, y no se dispone de capacidad de almacenamiento de reserva para respaldar el sistema.

Así pues, en el ámbito de las renovables, la única propuesta a largo plazo —que seguimos defendiendo siempre que tenemos oportunidad— es la caña de azúcar. La caña de azúcar no es solo azúcar; también es etanol y biomasa. Basta con mirar a Brasil: el 6 % de la generación eléctrica de ese país proviene de la industria de la caña de azúcar. Así que se enfrentan a un desafío. A corto plazo, las unidades antiguas sufren averías constantes. Sí, hay falta de combustible —particularmente diésel— para abastecer a la generación distribuida. Se trata de las unidades de la llamada «Revolución Energética» que se implementó en aquel entonces. Pero algunos de esos sistemas están fuera de servicio y, una vez más, carecen de combustible. Por tanto, existe un impacto en el suministro de diésel, sobre todo para la generación distribuida, aunque ciertamente no para el sector de las centrales termoeléctricas, que funciona básicamente con crudo cubano.

MCKEAGUE: Gracias por esa excelente descripción.

Pasando ahora a María: a medida que empeoran las condiciones económicas y energéticas en Cuba, ¿qué observa usted en cuanto a la represión? ¿Se está volviendo el gobierno más coercitivo o, por el contrario, acaso algunas de las liberaciones de presos políticos ocurridas este año —bajo presión de Estados Unidos— son indicativas de un cam

¿Un cambio de enfoque? ¿Qué está observando?

WERLAU: Bueno, lo que observo es que el régimen sigue destacando en lo que mejor sabe hacer. Y por eso no es un Estado fallido. Han logrado adaptar los aparatos represivos, mantener su financiación y desviar recursos —tratándose de un régimen militar totalitario bajo el mando de un partido comunista único—. Eso no ha cambiado. De hecho, se han adaptado hasta el punto de que la gente se pregunta: ¿hasta cuándo podrá este conglomerado militar, GAESA —que desvía recursos y ha saqueado sistemáticamente los bienes del Estado—, seguir sosteniendo el aparato represivo? Es decir, Cuba cuenta con una enorme red de prisiones y una gran población reclusa sometida a trabajos forzados y diversos regímenes de encarcelamiento, y sigue cometiendo crímenes de lesa humanidad de forma sistemática.

Lo interesante es que otro aspecto que el régimen ha logrado mantener —y con gran eficacia— es su propaganda e influencia a nivel internacional. Cuba posee un servicio de inteligencia de primer nivel que sigue operando con fuerza en todo el mundo, así como una red de embajadas que supera a la de cualquier país de América Latina, e incluso a las de Canadá, España o Italia. Es una red enorme. En CubaArchive.org tenemos una tabla al respecto: actualmente hay cuarenta y siete diplomáticos en la misión ante la ONU en Nueva York. Y vemos las consecuencias de ello. El resultado es que la comunidad internacional, en su mayor parte, guarda silencio sobre la represión en Cuba y no ha impuesto sanciones; al contrario, se opone a que la ONU aplique sanciones para presionar a favor de un cambio. Y eso es algo que siguen logrando con bastante eficacia. La pregunta es: ¿cuánto tiempo más podrán mantenerlo? ¿Llegará un momento en que la cúpula decida que es hora de marcharse?

Hay que tener en cuenta que disponen de fondos ocultos en todo el mundo desde hace años. Escribí sobre esto en 2005; no es nada nuevo. GAESA es ahora la cara visible de esa práctica, pero antes existían otras formas de hacerlo. Por eso, creo que ese es un escenario al que yo atribuía mayor importancia —pensaba que tal vez veríamos a los dirigentes huir—, pero no está sucediendo. Es un fenómeno en curso que sorprende a algunos analistas. Pero, ya sabes, Hitler envió a jóvenes de catorce años a defender Berlín cuando la guerra ya estaba perdida. Los japoneses no se rindieron. Lo estamos viendo en Irán. Creo que eso es lo que está ocurriendo en Cuba ahora mismo. Así que es difícil prever qué podría pasar, o qué tipo de escenario de transición podría darse.

Podríamos ver una transición liderada por la oligarquía, como se vio, tal vez, en Bielorrusia o en Rusia, o en las fases iniciales en Rumanía y Bulgaria. Creo que muchas de las reformas que, según se percibe, han sido anunciadas —muchas de ellas— son un reciclaje de antiguos anuncios y medidas que nunca llegaron a implementarse. Y algunas, ya sabes, apuntan quizás a una especie de «piñata» de privatizaciones que, bueno, podría funcionar. No lo creo, pero esa es la intención. Así que hay muchos elementos nuevos en la situación cubana que antes no existían. Mis comentarios coinciden casi exactamente con lo que ha dicho Rick; comparto su valoración de la situación. Pero luego observas dos elementos notables en el fenómeno cubano: la falta de apoyo de la comunidad internacional a una transición democrática en la isla y la ausencia de indignación ante los crímenes del régimen.

MCKEAGUE: Rick, ¿compartes la opinión de María? ¿Difieres en algún aspecto? Me gustaría generar un pequeño debate sobre cómo caracterizarías al gobierno cubano y al actual colapso económico.

HERRERO: Claro. Ah, tengo el micrófono apagado. Espera un momento. Disculpa. Supongo que, en mi caso, me sorprende menos que el régimen haya logrado mantenerse firme. Como decía, una característica definitoria de este régimen —que se remonta a sesenta y siete años atrás— es la cohesión ideológica de su cúpula. Más allá de eso… bueno, en parte se debe, por supuesto, al pensamiento marxista y al hecho de que se han organizado en torno al Partido Comunista. Pero gran parte se explica por su nacionalismo militarizado —un nacionalismo radical— definido como «la revolución». Ellos se consideran los guardianes de la soberanía cubana. Y llegaron a la conclusión hace mucho tiempo de que la única forma de salvaguardar esa soberanía es administrando la isla como una prisión y un panóptico. Ya sabes, hacerlo totalmente inaceptable para Estados Unidos, de modo que ni siquiera intentaran intervenir o absorberlo de alguna manera.

Quizás sea solo una especulación mía, pero creo firmemente que, cuando se produjo la caída de la Unión Soviética y el resto de los países del antiguo bloque soviético decidieron adoptar la economía de mercado y la democracia, Cuba redobló su apuesta por el socialismo. Y esto no ocurrió —o tal vez no del todo— porque realmente creyeran que podían perfeccionar ese modelo, sino porque sabían que mantenerse como un «puercoespín» —ideológica, política y económicamente— frente a los intereses de Estados Unidos y del exilio era la forma de mantener a raya a la comunidad de exiliados en territorio estadounidense.

Y ahora… desde entonces, a pesar del cambio de liderazgo y del hecho de que hoy hay personas en el gobierno que no provienen de la Sierra ni lucharon junto a Fidel y Raúl al mando, frente a personas que carecen de la legitimidad que poseía aquella generación revolucionaria —y que enfrentan muchas críticas internas. Esto se observa en los medios oficialistas y en otras voces afines al régimen en internet. Son muy críticos con la actual cúpula dirigente. Pero incluso para ellos, existe un fenómeno en el que la política de Estados Unidos contribuye a esa cohesión de la élite.

Quizás esto me delate un poco la edad, pero para los fans de *Juego de Tronos*: recuerden que todos los reinos están constantemente en guerra entre sí, pero lo único que los une al final es la amenaza de los Caminantes Blancos. En este escenario, nosotros somos los Caminantes Blancos. Es Estados Unidos, con su agresiva campaña de sanciones. Es la percepción de que Estados Unidos pretende aplastarlos por completo, sin dar tregua, e instalar un régimen afín a Washington para reemplazarlos; eso es lo que contribuye, en gran medida, a esa cohesión interna de la dirigencia.

Así que no…

MCKEAGUE: ¿Es… adelante? No, adelante, Rick.

HERRERO: No, pues… insisto, no me sorprende. Creo que ahora, con el cambio… ya sabes, con esa especie de relevo generacional que se está produciendo, hay personas que ven cómo ha evolucionado el mundo en otros lugares; se escucha a cada vez más gente expresarse utilizando una retórica y unos argumentos muy similares a los que se oían en China y Vietnam: hablar de generar riqueza para preservar la justicia social, para preservar su sistema socialista. Se percibe una diferencia de criterio entre la gente y la dirigencia sobre cómo lograr realmente la supervivencia de ese sistema. Pero, repito, todavía no vemos fisuras reales.

MCKEAGUE: Cierto. María…

HERRERO: Es decir, fracturas reales, por el momento.

MCKEAGUE: Así es.

HERRERO: Las fisuras son evidentes.

MCKEAGUE: María, por favor, adelante.

WERLAU: Sí, creo que es un debate fascinante. No estoy del todo de acuerdo con Rick en este punto, porque ¿quiénes constituyen la élite? ¿Qué porcentaje de la población representa la élite en Cuba? Es mucho menor que en Venezuela. Se trata principalmente de la familia Castro y de unos pocos allegados capaces de extraer recursos del aparato estatal. Y luego está la cuestión de cuál es ese nuevo modelo actualizado al que han intentado poner nombre durante los últimos veinte años, desde los «Lineamientos» y… bueno, la sucesión de Fidel a Raúl. No logran definirlo. Aquí no existe cohesión ideológica. Así que la pregunta es: ¿cuántos de esos generales —que no participan del reparto del botín, que no pueden, digamos, despojar al Estado de recursos (a diferencia de Venezuela, donde abundan casos así, mientras que en Cuba no)— están simplemente pendientes de quién los vigila? Porque eso sí funciona. Al parecer, la contrainteligencia militar dentro del Ministerio del Interior sigue siendo muy poderosa. Y el sistema se cimenta en ese terror, incluso dentro de su propia estructura.

¿Cuánto apoyo existe realmente para esa retórica revolucionaria? Me lo pregunto. Y veo por primera vez señales claras de que incluso la población en general pide a gritos una invasión estadounidense, que Estados Unidos venga a salvarnos. Lo cual resulta sorprendente, dada esa arraigada retórica nacionalista —extremadamente férrea— que impregna la propaganda y el sistema desde hace más de seis décadas. Es algo que me hace reflexionar. También me pregunto qué porcentaje de la población tiene realmente acceso a capital y disfruta de privilegios exclusivos y lujosos —visibles para todos en los hoteles de lujo, en la forma de vestir y comer de la élite, que no hace colas ni depende de la libreta de racionamiento para alimentarse—. Todo esto se hace ahora muy evidente gracias a las redes sociales. Así que me planteo estas cuestiones. Creo que los niveles de legitimidad, credibilidad y apoyo se han desplomado por completo.

HERRERO: ¿Puedo intervenir brevemente? En realidad, no veo grandes discrepancias aquí. Supongo que es más bien una cuestión de matices. Pero María tiene razón; o mejor dicho, tiene mucha razón. La élite, tal como la definiríamos en Cuba, se concentra mayoritariamente en la familia Castro, las fuerzas armadas, el Ministerio del Interior, la seguridad del Estado y GAESA —un conglomerado empresarial gestionado por militares que controla los sectores más productivos de la economía—. A esto se suman la burocracia y el Partido. Sin embargo, en los últimos días se han hecho evidentes ciertas fisuras; por ejemplo, Raúl Alejandro, nieto de Raúl Castro, concedió una entrevista a *USA Today*. Se trata de alguien que no ocupa ningún cargo oficial en el gobierno. Es coronel del Ministerio del Interior y supervisa la seguridad personal de la mayoría de los ministros y generales de mayor rango del país; no obstante, por esa misma razón, no desempeña un papel formal en la formulación de políticas estatales ni en el Partido Comunista. Y, aun así, ahí está él, concediendo una entrevista a *USA Today*.

De repente, se produjo un gran revuelo en internet. Voces de todo tipo —desde partidarios del régimen hasta miembros del Partido Comunista— alzaron la voz cuestionando quién es es… ¿quién es este principito? ¿Quién es este —básicamente el nieto de Raúl— que sale a hablar en nombre del gobierno cubano o a posicionarse como interlocutor en las conversaciones con Estados Unidos? Se cuestionaba realmente su legitimidad para ocupar ese papel, o para pretender ocuparlo. Y casi de inmediato, vimos al departamento ideológico del partido, al primer ministro y a otros miembros de la dirección del Estado y del partido salir a decir: «Oh, no, no, no; él está con nosotros y reconocemos su derecho». Es parte del equipo. Y puede liderar las conversaciones con Estados Unidos. Así que se vio una fisura y, de repente, se vio cómo volvía la cohesión.

Y es una lucha constante entre ellos para tratar de mantener todo eso unido, pero siguen lográndolo de manera bastante eficiente. No de una manera que ayude a gobernar el país —al fin y al cabo, se está administrando una prisión y un panóptico—, pero sí lo suficiente para mantenerse en el poder, hasta ahora.

MCKEAGUE: Muy interesante. Y me recuerda mucho a lo que hemos venido comentando desde hace tiempo como observadores de Cuba en lo referente a las relaciones entre Estados Unidos y la isla. Pero tal vez algo distinto este año sea cómo el gobierno estadounidense ha normalizado la idea de una transición controlada y de la negociación con el gobierno cubano. Podemos profundizar en esto durante la próxima media hora, pero quiero abrir el turno para que los miembros se unan a nuestra conversación con sus preguntas. Les recuerdo que esta reunión es pública y queda registrada.

OPERADOR: (Da instrucciones para formular preguntas).

Pasamos a la primera pregunta, de Tom McDonald.

P: Qué excelente panel. Soy Tom McDonald, exembajador de Estados Unidos en Zimbabue y socio del bufete de abogados Taft.

Para conocer su opinión al respecto: ¿cuál es la situación actual de la exportación de médicos cubanos a cambio de petróleo u otros recursos? Participé personalmente, junto con Shay Badjula y el ACNUR, en la operación para sacar a salvo a dos médicos cubanos de Zimbabue —un médico y un dentista— y llevarlos a una casa de seguridad en Suecia y, finalmente, a Miami-Dade. Esto ocurrió en el año 2000, después de que Rodolfo Sarracino —entonces embajador de Cuba en Harare— se asegurara de que fueran encarcelados; temíamos que fueran entregados a Angola, y todo lo que eso implicaba. ¿Cuál es la situación actual de la isla en este periodo caótico, en esta espiral descendente? ¿Siguen comerciando con sus… ya sabe, tienen médicos y dentistas excelentes? ¿En qué punto se encuentra eso ahora?

MCKEAGUE: María, sé que has estudiado este tema a fondo. ¿Quieres abordar esa cuestión?

WERLAU: Sí, claro. Tenemos todo un proyecto dedicado a ese asunto. Cuba sigue reportando cerca de 2.200 trabajadores de la salud —personal sanitario enviado al extranjero— en todo el mundo, incluido Zimbabue. En el último año y medio hemos visto cómo el Departamento de Estado ha intensificado la amenaza de sanciones y, de hecho, ha sancionado a algunos funcionarios —especialmente en el Caribe— que participan como socios gubernamentales en la trata de médicos cubanos. He escrito extensamente sobre esto; tenemos todo un programa dedicado a ello. La cuestión es que los países que han terminado la misión, o que obligaron a Cuba a retirar a su personal antes de ofrecerles contratación directa —como Jamaica, Honduras, Granada, Guyana y otros que están considerando contratarlos directamente—, provocan que esas personas sean devueltas a Cuba y enviadas a otras misiones, como en Gambia o México. Así que, en términos de ingresos, la cifra no parece verse muy afectada.

El problema es que los ingresos que Cuba reporta oficialmente no coinciden con las cifras que divulgan. Cuba informa de unos 5.000 millones de dólares anuales en ingresos procedentes de estas misiones, pero los agrupa con los ingresos de trabajadores del sector deportivo, cultural y de cruceros. Por eso es difícil determinar cuántos pertenecen al sector sanitario. Sin embargo, Cuba ha sufrido un golpe en su credibilidad y en el acceso a estos países debido a esto. Así que creo que el Departamento de Estado está haciendo un buen trabajo. Se trata de una ley del año 2000; no es nueva. Simplemente se están aplicando por primera vez sanciones por la trata de personas, un fenómeno que ha ido en aumento con el paso del tiempo.

Respecto a la importante misión que mencionó —el programa de «petróleo por médicos» que mantenía Venezuela—, creo que ya hemos observado una disminución en los ingresos que Cuba obtenía de Venezuela. No obstante, Cuba reportaba más de 12.000 trabajadores en territorio venezolano cuando se produjo la operación de Maduro. Existe una gran incógnita al respecto, ya que la mayoría de esas misiones permanecen allí. Si bien muchos médicos y enfermeros han desertado, un gran número sigue en sus puestos. La pregunta es: ¿quién paga? Está claro que el pago a Cuba no se realizaba con petróleo, tal como se había dicho. Es, por tanto, una gran incógnita. Y creo que, si se eliminara este programa, tendría un impacto significativo.

MCKEAGUE: Liz, pasemos a la siguiente pregunta.

OPERADOR: Pasamos a la siguiente pregunta, de Paula DiPerna.

P: Hola. Muchas gracias. Me llamo  Paula DiPerna, como acaban de oír. Soy escritora. Escribí la primera guía de viajes a Cuba durante la administración Carter. Rodé una película en Cuba con Jacques Cousteau y pasé mucho tiempo en la isla.

Y lo principal que quiero destacar es que logramos la liberación de cincuenta presos políticos en un momento en que el Departamento de Estado y el gobierno cubano ni siquiera se hablaban. Así que mi pregunta es: ¿por qué no hablamos de una «intervención de carácter humanitario», por así decirlo? Nadie habla del pueblo cubano. Se habla del deterioro de la infraestructura como si no hubieran sido los Estados Unidos quienes intervenían cada vez que los cubanos intentaban plantear cualquier tipo de solución.

Y esa cohesión del pueblo cubano —viendo a Estados Unidos como los «Caminantes Blancos»— se debe al constante bombardeo de la política estadounidense. Tanto en Irán como en todas estas guerras que parecen interminables, nunca hablamos de la gente. Cuba tiene una gran extensión de costa. ¿Por qué quiere Estados Unidos intervenir en Cuba? Para construir más hoteles en la playa de Varadero. Es decir, es igual que lo de Gaza. Por eso debemos hablar del pueblo cubano, plantear debates de índole humanitaria sobre cualquier tipo de intervención y dejar de acosar a una pequeña isla situada a noventa millas de la costa, habitada por la gente más vital y alegre del mundo.

MCKEAGUE: ¿Quién quiere abordar este punto? Rick, por favor.

HERRERO: Yo puedo hacerlo. Gracias, Paula. Coincido con gran parte de lo que has dicho. La situación humanitaria sobre el terreno es grave. Ahora que mencionas la intervención humanitaria, recuerdo que antes hablé de que la acción militar puede adoptar muchas formas. Una de ellas sería una operación masiva de asistencia humanitaria liderada por las fuerzas militares estadounidenses. Por supuesto, la única manera de llevarla a cabo sería mediante algún tipo de acuerdo con las fuerzas de seguridad cubanas que permitiera la entrada de dichas fuerzas; de lo contrario, esa operación de asistencia humanitaria se convertiría en una invasión. Así que, si los cubanos… (risas)… si los cubanos lo permiten, entonces… es una opción que tal vez se explore. Por el momento, no tenemos noticias de que esa sea una opción que se esté considerando; al menos, no se está discutiendo públicamente. Lo que sí sabemos es que el gobierno de EE. UU. se ha comprometido a aportar otros 100 millones de dólares en fondos que deberían empezar a llegar a Cuba a través de organizaciones religiosas a partir de septiembre. Esta cifra se suma a los 9.000 dólares ya donados por el gobierno estadounidense hasta la fecha, destinados principalmente a labores de socorro tras el paso del huracán —creo que se llamaba Melissa— que azotó la isla el año pasado.

Sin embargo, debo decir que es una gota en el océano dadas las necesidades reales sobre el terreno. Hay mucho más que podemos hacer, y mucho más que esta administración podría hacer, para facilitar que todo tipo de actores privados, ONG y otras organizaciones religiosas no solo apoyen las iniciativas humanitarias existentes, sino que lancen nuevos proyectos y amplíen los que ya están en marcha. Actualmente, hay organizaciones que colaboran con emprendedores locales para adquirir alimentos y distribuirlos por todo el país. Asimismo, hay emprendedores que están creando cadenas de distribución —con camiones e instalaciones de almacenamiento— para llevar los alimentos desde el puerto a todas las provincias de la isla.

Por ahora, no hay señales claras de que esta administración vea con buenos ojos la expansión de estas iniciativas. Además, esos emprendedores necesitarían acceso al sistema bancario estadounidense para poder cobrar y recibir las transferencias de fondos necesarias para realizar estas operaciones. Sin embargo, carecen de dicho acceso, a pesar de que la normativa estadounidense lo permite; se trata de una medida establecida por el presidente Biden en 2024. No obstante, ningún banco de EE. UU. ha dado el paso de ofrecer servicios o incorporar como clientes a emprendedores cubanos, ya que la OFAC no ha emitido directrices claras sobre los criterios de diligencia debida necesarios para aceptar a un emprendedor privado independiente.

En esencia, ¿cómo se determina que dicho actor es realmente independiente y no alguien que debería figurar en la lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN) o estar sujeto a sanciones en virtud de las múltiples restricciones de las normas de control de activos cubanos? Esa orientación sería de gran ayuda en este momento. Pero eso no es algo que esta administración haya estado dispuesta a permitir. Parece que quieren mantenerlo todo bajo un control estricto. Da la impresión de que, hasta cierto punto, buscan llevar ese sistema —y eso incluye a la población— al límite, con la esperanza de obligar al régimen a hacer concesiones en la mesa de negociación. Pero esto conlleva un costo enorme en términos de vidas y calidad de vida en Cuba, ya que, insisto, la situación humanitaria es realmente crítica en estos momentos.

MCKEAGUE: Bien dicho. María, ¿querías intervenir?

WERLAU: Sí, Paula, gracias por la pregunta y por tu interés en el pueblo cubano, porque, al final, de eso se trata: del pueblo cubano. Y a veces observo mucho en la narrativa que olvida al pueblo cubano. El tema de las misiones médicas es algo que trato casi a diario. Ya sabe, los medios de comunicación de todo el mundo se interesan ahora por cubrir las sanciones de EE. UU. a los países que participan en la trata de trabajadores cubanos, pero nunca mencionan el hecho de que dichas sanciones se imponen precisamente porque existe trata y explotación de estos trabajadores. Y en gran parte de esta cobertura ni siquiera se escuchan sus voces.

Lo que quiero decir es que este debate puede prolongarse indefinidamente: sanciones y presión frente a la política de acercamiento. Pero EE. UU. es el único país que ha impuesto sanciones. Nunca hemos visto un enfoque multilateral como el que se aplicó contra Sudáfrica durante el *apartheid*, contra el Chile de Pinochet o contra las dictaduras militares de América Latina. Y hemos tenido países como Canadá, España y muchos otros —la mayor parte del mundo— sosteniendo que el intercambio comercial sin condiciones, bajo los términos del régimen tal como ha funcionado hasta ahora, traería consigo un cambio. Y eso tampoco ha sucedido. Por eso creo que este debate es muy importante. ¿Qué podemos hacer de manera diferente? ¿Y cómo podemos centrar la narrativa en el sufrimiento del pueblo cubano y en cómo este puede alcanzar su soberanía para lograr la autodeterminación y decidir su propio destino?

MCKEAGUE: Mmm, ajá. Existe en Cuba una especie de lema nacional no oficial: «hay que resolver» —una expresión que siempre me ha gustado—; básicamente significa «tienes que improvisar y buscarse la vida para salir adelante». Pero no creo que, ni siquiera en estas circunstancias, sea tan fácil… (risas)… «resolver». Gracias por la pregunta.

Liz, podemos pasar a la siguiente.

OPERADOR: Gracias. La siguiente pregunta es de Carlos Anchondo.

P: De acuerdo, gracias. Soy Carlos, de *Politico*.

Si se produjera un cambio de régimen en Cuba, ¿cree que el presidente Trump, o una futura administración, presionaría —tal como lo ha hecho el presidente Trump— para que las empresas estadounidenses, especialmente las del sector del petróleo y el gas, fueran a invertir en Cuba? Gracias.

MCKEAGUE: Excelente pregunta. Quizás Rick pueda responder a esto también. HERRERO: Podría hacerlo, aunque…

MCKEAGUE: Yo también puedo intervenir en ese punto. (Risas).

HERRERO: Jorge, ¿quieres ocuparte tú?

MCKEAGUE: O bien, Jorge, tienes razón respecto al petróleo y el gas. (Risas).

PIÑON: Sí, hoy en día Cuba produce unos 40.000 barriles de petróleo al día. Y, en realidad, no cuenta con el potencial en aguas profundas que se suponía que tenía. Recuerden que estuvieron realizando perforaciones en alta mar allá por 2012. Todas esas operaciones de perforación resultaron no comerciales o dieron lugar a pozos secos. Así que, lamentablemente, el potencial petrolero de Cuba no existe. E incluso si existiera, se trataría de un proyecto a largo plazo. Es decir, poner en marcha esos proyectos de pozos en aguas profundas y llegar a perforar pozos exploratorios llevaría entre dos y tres años. Por tanto, ya sea a largo o a corto plazo, lamentablemente, la producción nacional de crudo de Cuba no es la solución.

MCKEAGUE: Claramente, una situación muy distinta a la de Venezuela. Pasemos a la siguiente pregunta. Ah.

HERRERO: Si me permiten… solo quería añadir que estamos observando movimientos por parte de empresas extranjeras —incluidas compañías estadounidenses— interesadas en adquirir activos cubanos en dificultades o concesiones actuales que están en manos de empresas extranjeras; estas últimas mantenían empresas conjuntas con entidades estatales cubanas que ahora figuran en la lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN, por sus siglas en inglés). Parece que parte de esta política consiste en encontrar compradores estadounidenses para los activos estatales cubanos en dificultades. Compradores principalmente de EE. UU., pero también de países aliados. Aún no hay mucha información al respecto; lo vimos en el caso de Sherritt, pero se habla mucho del tema. Y esto encajaría con lo que estamos viendo en Venezuela. No me sorprendería en absoluto que pronto descubriéramos que este es un componente clave de la política en cuestión. Apostaría a que, en las próximas semanas, veremos cómo esto cobra cada vez más forma. Por supuesto, para adquirir activos estatales cubanos, hace falta un vendedor. Y, por ahora, tampoco hay indicios de que los cubanos tengan intención de vender. Pero ya veremos cómo evoluciona la situación.

MCKEAGUE: Habrá que seguirlo de cerca. Gracias. Muy interesante.

Liz, pasemos a la siguiente pregunta, por favor.

OPERADOR: Pasamos a la siguiente pregunta, de Theodore Roosevelt IV.

P: Muchas gracias. Soy Ted Roosevelt. «Theodore Roosevelt IV» me resulta demasiado formal; simplemente soy Ted Roosevelt. Trabajo como banquero en Barclays.

Por lo que ha dicho, parece que existe un riesgo enorme de repercusiones negativas para los intereses y la política de Estados Unidos. Y eso sugeriría —quizás ingenuamente, desde mi punto de vista— que necesitamos un cambio significativo en la política estadounidense. Sin embargo, sospecho que, dada la identidad de quienes toman las decisiones, esa posibilidad es remota. Me gustaría conocer su opinión al respecto.

MCKEAGUE: Rick, tal vez quieras empezar tú con esto.

HERRERO: ¿O prefiere hacerlo María?

WERLAU: ¿A qué se refiere? (Risas). ¿A qué política de Estados Unidos? Por ejemplo, y retomando también la pregunta de Paula: Cuba se ha beneficiado de una enorme condonación de deuda, financiación externa, ayuda humanitaria y miles de millones de dólares en subsidios anuales. Es decir, y esto el régimen no ha logrado generar ningún cambio. Así que, pensar que Estados Unidos debería sumarse a esa iniciativa para ayudar al régimen a resolver sus propios problemas… no me convence ese argumento. Por eso mi pregunta es: sí, sería bueno encontrar una política adecuada, pero ¿cuál? Probablemente un enfoque multilateral con objetivos compartidos sería algo positivo, o al menos un paso en la dirección correcta. Pero veo muy pocas probabilidades de que eso suceda.

HERRERO: Yo añadiría que, si bien estamos viendo reacciones adversas, estas se manifiestan de distintas formas. Existe una especie de reacción retórica o política, en la que la gente expresa su rechazo o desacuerdo con la política actual. Y luego está la reacción real, aquella en la que los gobiernos toman medidas para responder a la política estadounidense, protegerse de ella o contrarrestarla de cualquier manera. Vemos mucha retórica, pero no observamos realmente que el mundo acuda al rescate de Cuba. Incluso sus propios aliados políticos —países como Rusia, China o Irán— apenas lo hacen. Supimos que Cuba adquirió 300 drones defensivos de Irán; no es precisamente un gran arsenal. Pero, más allá de eso, no están haciendo mucho más.

En cuanto a Cuba, si uno sigue los comentarios en línea, parece haber —y no se trata solo de comentarios, sino también de encuestas; hubo una realizada por *elTOQUE* que consultó a miles de personas dentro de la isla y en la diáspora— un apoyo significativo a algún tipo de intervención por parte de Estados Unidos, debido a que la situación es desesperada. La escasez es generalizada. A la gente le resulta muy difícil vivir sin electricidad ni agua corriente. Esa desesperación ha llevado a muchas personas a mostrarse abiertas a la idea de una intervención militar estadounidense.

De hecho, ahora se escuchan comentarios en línea de gente que dice: «Trump, ¿dónde estás? Estás tardando demasiado. Nos prometiste que intervendrías, que Cuba sería el siguiente objetivo, y ahora resulta que todo se ha quedado en palabras». Eso no significa necesariamente que se estén alineando con Estados Unidos —con el gobierno estadounidense, con las prioridades de la política exterior de EE. UU. ni nada por el estilo. Simplemente están desesperados. Y quieren ver un cambio. Quieren verlo pronto. Así que no… y, al mismo tiempo, retomando la pregunta de Maria —o mejor dicho, el punto que planteó Maria—, el gobierno cubano tiene deudas pendientes con todos sus acreedores en el mundo. Sus propios aliados están frustrados porque se negaron a abrir su economía hasta hace muy poco, cuando anunciaron las medidas económicas que mencioné antes; medidas que son… bueno, el paquete de reformas más orientado al mercado que se ha implementado en Cuba en sesenta y siete años.

Pero ahora mismo, insisto, no vemos que otros gobiernos salgan en defensa de Cuba, más allá de la retórica o de la votación en la ONU. E incluso en la votación de la ONU, hubo más abstenciones de las que se habían visto en casi treinta años respecto a la postura de Cuba. Así que veremos… veremos qué sucede. Quizás la tendencia crezca. Pero, por el momento, el mundo no está dando un paso al frente para rescatar al régimen cubano. Y tampoco parece que el pueblo cubano lamentaría ver partir a la actual dirigencia.

MCKEAGUE: Así es. Pasemos a la siguiente pregunta.

OPERADOR: La siguiente pregunta es de William Wescott.

P: Genial. Muchas gracias. Soy asesor en sostenibilidad e innovación.

Al haberme criado en Miami, siempre tuve la mirada puesta en el sur; en 2017 tuve el placer de visitar La Habana y reunirme con los líderes de Cuba Emprende, una iniciativa apoyada por la Iglesia Católica y que creo que es la única organización de emprendimiento reconocida oficialmente en el país. Mi pregunta surge a raíz de dos comentarios hechos por Rick y por Jorge. En aquel entonces, pensé que las energías renovables eran ideales para Cuba. Especialmente, ya sabe, la microsolar a nivel doméstico, como se ha hecho en Pakistán. ¿Cómo podemos lograr una mayor escala —quizás colaborando nuevamente con la Iglesia Católica, tal vez con Cuba Emprende— y centrarnos en las necesidades energéticas a nivel doméstico?

MCKEAGUE: Bueno, gracias por mencionar a Cuba Emprende; realiza una labor realmente importante como organización hermana del Cuba Study Group, así que Rick la conoce bien. Pero, ¿por qué no…?

HERRERO: Sí, soy asesor del proyecto. Lo he sido durante muchos años; un asesor orgulloso de esa maravillosa iniciativa que fue lanzada, en parte, por muchos de nuestros miembros. Hablaré un poco sobre la microsolar antes de que Jorge se burle de todo esto. Pero sí, creo que deberíamos aprovechar al máximo el sector privado para ayudar a llevar soluciones a los cubanos que actualmente carecen de electricidad. Es algo que está sucediendo de forma orgánica: el sector privado está importando todo tipo de paneles solares, baterías EcoFlow que permiten almacenar electricidad para usarla durante un apagón, y toda clase de equipos que facilitan vivir desconectado de la red eléctrica, como generadores, incluidos los diésel.

Gran parte del diésel que se importa ahora en Cuba llega a través de contenedores cisterna (ISO tanks) importados por el sector privado. Es algo que el secretario Rubio permitió a principios de este año: que el petróleo que llega a la isla —principalmente combustible ligero exportado por empresas estadounidenses a operadores del sector privado en Cuba— incluya también propano para cocinar. Pero, como Jorge les explicará ahora, eso apenas araña la superficie. No resuelve el problema. Es un parche muy imperfecto para un país que aspira a operar —a funcionar— en el siglo XXI.

Adelante, Jorge. (Risas).

PIÑÓN: Sí. Rick me ha quitado la palabra de la boca: «parche». Apoyo la energía solar a pequeña escala, la instalada en tejados. Ya se utiliza hoy en día; se usa en Puerto Rico y en la República Dominicana. Así que la apoyamos. Desde mi punto de vista, me fijo en la escala porque busco ese motor de crecimiento económico que lleve a Cuba al siglo XXI. Y, lamentablemente… sí, la energía solar es buena y la apoyamos. Pero la energía solar, sin capacidad de almacenamiento —especialmente almacenamiento a largo plazo—, es realmente algo temporal. Los tejados… sí, por supuesto, los apoyamos. Y, por cierto, es un sector en crecimiento, lo cual es positivo.

Pero insisto, Rick: lo que busco es ese motor capaz de atraer inversiones —tanto cubanas como extranjeras— para desarrollar la industria y el sector del transporte. Es decir, ¿dónde están las grandes fuentes que nos ayudarán a reactivar ese motor en Cuba? La energía solar ayudará. El combustible ayudará. Se necesitará un cargamento de diésel —unas 50.000 toneladas métricas al mes— para recuperar la capacidad de generación de los grupos electrógenos, sumando al menos 400 megavatios. Alguien tiene que saldar la deuda que Cuba mantiene con los turcos por las centrales eléctricas flotantes. Esas centrales ayudarán a corto plazo, pero recordemos que también funcionan con combustible; por tanto, se requiere un suministro constante de combustible. Así que todas esas pequeñas soluciones tipo «parche», Rick, ayudan. Las apoyamos. Sigo buscando en el horizonte ese proyecto energético de gran envergadura que impulse al país hacia el siglo XXI.

MCKEAGUE: Tenemos tiempo para otra pregunta, Liz.

OPERADOR: Sí, pasamos a la siguiente pregunta, de Theodore Leonhardt.

P: Hola. Soy Ted Leonhardt, abogado de Cleary Gottlieb.

¿Hay alguna novedad sobre la postura del gobierno cubano y las perspectivas de resolver las reclamaciones estadounidenses por propiedades confiscadas que se remontan a la Revolución Cubana? Especialmente tras las decisiones de la Corte Suprema de los últimos dos meses, que facilitan la vía para reclamar a terceros que comercian con dichas propiedades al amparo de la Ley Helms-Burton. Gracias.

MCKEAGUE: Gracias. Es un tema candente y también complejo. (Risas.) No sé cuál de los tres…

HERRERO: La respuesta breve es que el gobierno cubano ha declarado reiteradamente en el pasado que está dispuesto a dialogar con Estados Unidos sobre las reclamaciones de propiedad y a buscar soluciones. A menudo presentan sus propias contrademandas, basadas en los miles de millones que el embargo ha costado a la economía cubana a lo largo de las décadas. Hubo dos rondas de conversaciones durante la apertura de la era Obama, pero desde entonces no ha habido más. Se mantiene el mismo discurso: que están dispuestos a volver a sentarse a negociar y a presentar sus propias contrademandas. Un acontecimiento reciente más interesante es que «Raulito» —»El Cangrejo», el nieto de Raúl Castro— declaró en una entrevista con *USA Today* que estaba muy dispuesto a buscar una solución a las reclamaciones de propiedad con cubanoestadounidenses y otros estadounidenses, contribuyendo así a poner en marcha ese proceso. Sin embargo, no hemos visto nada más concreto que esas declaraciones. No sé si María o Jorge tienen algo que añadir.

WERLAU: Estoy de acuerdo.

MCKEAGUE: Sí. Dado que creo que nos queda poco tiempo para otra pregunta del público, pero aprovechando que hablamos de la comunidad cubanoamericana: ¿hay algo que quisieran añadir sobre el papel que podría desempeñar la diáspora cubana en… bueno, los diversos escenarios que hemos comentado para los próximos meses y, con suerte, en una futura etapa de transición y recuperación?

WERLAU: María.

WERLAU: Ah, ¿la pregunta es para mí?

MCKEAGUE: Para cualquiera de ustedes.

HERRERO: Yo también puedo responder, pero adelante.

WERLAU: La diáspora cubana ha demostrado —independientemente de cuándo llegara la gente— un profundo compromiso con ver a Cuba libre. Y eso es muy alentador. Por otro lado, existe una falta de unidad para formar una coalición que empuje en la misma dirección, o para elaborar planes concretos —más allá de meros buenos deseos— de cara a una transición. Así que no veo mucha diferencia en ninguno de los dos aspectos. A la gente le importa profundamente; quieren un cambio de régimen. Y esto es aún más patente en las oleadas migratorias más recientes. Tienen posturas incluso más intransigentes que las anteriores, lo cual resulta sorprendente. Sí quieren sanciones; quieren que se ejerza presión para acabar con el régimen. Pero, en mi opinión, realmente no existe capacidad organizativa.

MCKEAGUE: ¿Alguna opinión al respecto, Rick? Dada tu experiencia en el sur de Florida y tu perspectiva desde Washington.

HERRERO: No. Creo que coincido con todo lo que dijo María. Yo añadiría que, hoy en día, esa misma comunidad —incluso manteniendo esas posturas— está apoyando activamente al sector privado sobre el terreno. Son los socios desde el lado estadounidense, ayudando a adquirir mercancías que luego exportan a sus socios comerciales —que en muchos casos son familiares o amigos— en Cuba. Gran parte de ese comercio bilateral que fluye a través del sector privado, y que bate récords mes a mes, se canaliza mediante la diáspora. La diáspora sigue siendo hoy la principal fuente de apoyo y de remesas —a menudo a través de canales informales— para los cubanos en la isla.

En muchos aspectos, Cuba ha pasado a depender de Estados Unidos; una dependencia generada precisamente por el apoyo de la diáspora. Ellos constituyen la fuente principal —o una de las principales— de divisas y de productos básicos para el hogar, como pollo, aceite de cocina, leche, etcétera. Pero, al mismo tiempo, aportan ese apoyo moral y ese impulso al cambio. No les sorprenderá encontrar en el sur de Florida a personas que llevan una gorra de «MAGA» y que, a la vez, apoyan el cambio de régimen, las sanciones y el sector privado en Cuba.

MCKEAGUE: Todo ello simultáneamente. Creo que una de las razones por las que, al empezar a trabajar en temas relacionados con Cuba, uno sigue haciéndolo durante mucho tiempo, es que el país está lleno de contradicciones fascinantes como esa. Dicho esto, debemos concluir, aunque hay mucho más que podríamos tratar. Muchas gracias por acompañarnos en la reunión virtual de hoy. Y gracias a Ricardo, María y Jorge por dedicarnos su tiempo esta tarde.

HERRERO: Gracias.

PIÑÓN: Gracias.

(FIN)

Esta es una transcripción sin correcciones.

Fuente:

https://www.cfr.org/event/cuba-on-the-brink-the-state-of-u-s-cuba-relations

Información Adicional

[1] CFRLaunches New Task Force on the Future of Cuba

Se an uncia la creación de un Grupo de Trabajo sobre el Futuro de Cuba del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR). Su objetivo declarado es estudiar qué políticas deberían adoptar Estados Unidos para favorecer una Cuba «estable, próspera y democrática» en caso de producirse una transición política o una apertura significativa durante la próxima década.

[2] EL PAÍSCarlos Saladrigas, empresario: “Recomendamos que se haga un Plan Marshall para Cuba”

Olam Marshall para Cuba

 

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