Hilos Desenrollados

Comunistismo del Exilio

Comunistismo del Exilio

Comunistismo del Exilio

Llamo Comunistismo del Exilio Cubano a un fenómeno discursivo y cultural: la tendencia a convertir la palabra comunismo en el centro gravitacional de casi toda conversación política sobre Cuba, hasta el punto de que el tema “comunismo” termina ocupando más espacio mental, emocional y comunicativo en el exilio que en la propia dictadura.
Comunistismo no es “ser comunista”. Es vivir hablando del comunismo como categoría totalizante: como explicación universal, como identidad, como insulto, como filtro de pertenencia, como arma retórica, como prueba de pureza política. Es una práctica de conversación y de visión del mundo. Un hábito. Un marco.
En el Comunistismo del Exilio, el comunismo funciona como un significante absoluto: todo termina siendo comunismo o anticomunismo; todo se evalúa con esa vara; todo se reduce a esa batalla simbólica. La conversación deja de ser: legitimidad, Constitución, continuidad institucional, soberanía popular, estructura legal del Estado. La conversación pasa a ser: izquierda/derecha, Marx/anti-Marx, socialismo/mercado, “rojo”/“patriota”.
Este fenómeno es más abarcador que una ciudad, un estado o una generación. Atraviesa:
Geografías: Florida, Nueva Jersey, Nueva York, Texas, California; América Latina; Europa; comunidades digitales globales.
Generaciones: desde el exiliado histórico hasta el joven que nació fuera de Cuba y hereda la conversación como identidad familiar o tribal.
Formatos: radio, YouTube, podcasts, Facebook, Telegram, X Spaces, debates de sobremesa; incluso eventos “cívicos” donde el tema se vuelve inevitable.
El Comunistismo del Exilio también tiene una dinámica interna: crea “zonas de conversación” donde el comunismo se vuelve una especie de religión inversa. En lugar de fe, hay aversión; en lugar de catecismo, hay frases hechas; en lugar de sacramentos, hay lealtades públicas. Y como toda religión identitaria, necesita herejes: cualquiera que intente sacar el tema de la ideología y llevarlo al terreno de la legalidad termina sospechoso, “blando”, “socialista”, “infiltrado”, “ingenuo”, o “teórico”.
Lo más llamativo es la consecuencia práctica: el Comunistismo del Exilio produce un volumen enorme de discurso con bajo rendimiento político. Gasta energía en guerra doctrinal, y deja intacto el fundamento real del poder en Cuba: la ruptura constitucional y la administración de un Estado sin legitimidad originaria verificable.
En ese sentido, el Comunistismo del Exilio es una victoria cultural de la dictadura, aunque parezca lo contrario. Porque mantiene al adversario en un plano donde el régimen se siente cómodo: un plano de etiquetas, pasiones, acusaciones morales y discusiones infinitas que no obligan a probar, documentar o restituir nada.
@EduardoGaraicoa
@ElCroqueta36371

COMUNISTISMO DEL EXILIO.

Cómo el Comunistismo vacía la lucha real, y por qué la Constitución lo rompe
Una dictadura no se sostiene solo por ideología. Se sostiene por título de poder, por estructura institucional, por control legal aparente y por la capacidad de presentar su mando como “normalidad”. Por eso, el conflicto cubano tiene un núcleo jurídico: la continuidad o discontinuidad constitucional y el derecho del pueblo a restituir su soberanía política.
El Comunistismo del Exilio desplaza ese núcleo hacia una pelea ideológica interminable. Y ese desplazamiento tiene un efecto claro: convierte el problema cubano en una discusión de doctrinas, cuando lo decisivo es una discusión de legitimidad.
Ahí aparece un mecanismo recurrente: los enemigos de la Constitución, al menos su núcleo más duro, etiquetan la Constitución de 1940 como “socialista” o “comunista”. Esa etiqueta no pretende describirla: pretende arrastrar la lógica jurídica al vacío ideológico del Comunistismo del Exilio. Porque en ese vacío todo se vuelve disputa de palabras, y ninguna palabra obliga a restituir instituciones.
La etiqueta es una técnica. Funciona así:
Tú planteas continuidad constitucional, soberanía popular y restitución.
Ellos te cambian el terreno: “eso es socialismo”, “eso es comunismo”.
El debate se traslada a un ring infinito de definiciones, sospechas y purezas.
La cuestión central —la legitimidad del régimen y la ruptura constitucional— queda fuera del foco.
Esa es la razón por la que el Comunistismo del Exilio es tan útil para los enemigos de la Constitución: porque convierte un tema verificable (validez constitucional) en un tema interminable (batalla ideológica). La dictadura, mientras tanto, sigue administrando el país con su aparato coercitivo, su burocracia y su legalidad de papel.
La restitución de la Constitución de 1940 rompe ese hechizo por una razón simple: la Constitución desplaza el conflicto al terreno de la prueba. Ahí importan hechos y fundamentos: continuidad, legitimidad originaria, ruptura por la fuerza, derechos de los ciudadanos, estructura del Estado, límites del poder. Ese terreno reduce la eficacia de la etiqueta ideológica, porque lo central deja de ser “cómo te llamas” y pasa a ser “con qué derecho mandas”.
Por eso la Constitución de 1940, como símbolo y como estructura, funciona como punto de ruptura real: no es una consigna; es un marco que obliga a hablar de:
soberanía del pueblo,
legitimidad del mando,
límites al poder,
derechos exigibles,
restitución del orden republicano.
En un entorno dominado por el Comunistismo del Exilio, C-40 introduce una disciplina: hablar del poder en términos de legalidad y continuidad. Y esa disciplina, precisamente, es lo que muchos intentan impedir con la etiqueta “comunista”.
El efecto final es decisivo: mientras el Comunistismo del Exilio multiplica ruido ideológico, la restitución constitucional concentra el conflicto donde el régimen es vulnerable: su origen y su título de poder. La dictadura puede sobrevivir décadas a la indignación. La dictadura se debilita cuando se expone su ilegitimidad y se organiza una solución jurídicamente coherente.
El comunismo como tema puede ser infinito.
La Constitución como fundamento es concreta.
Por eso el Comunistismo se reproduce.
Y por eso la restitución constitucional se combate.

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